jueves, 1 de junio de 2017

¿Por qué Frodo vuelve a la Comarca?: Para un inmigrante casi nunca hay vuelta atrás

La Comarca

Es tal vez la historia de J.R.R Tolkien que más popularidad tiene en la actualidad, la aventura del pequeño mediano que sale a cambiar el mundo con su mínima y frágil figura de antihéroe nos invita a reflexionar de diferentes formas, cuando ya se acerca a sus 80 años de haber comenzado a ser escrita.

Hoy quiero dedicarme a pensar y compartir con ustedes esa visión del Frodo que emigra.

Frodo es un inmigrante  

Tal vez nunca se han detenido a pensar en esta idea, pero Frodo es un inmigrante visto desde el reino de los Peredhil. Y no un inmigrante cualquiera, fue balsero, indocumentado, tratado como clandestino con un ingreso no previsto, pero con la protección que le daba el siempre buen Gandalf bajo el pretexto de la adversidad.

Pero Frodo siempre fue un inmigrante. Un ajeno a las normas de los Elfos, de los Humanos, de los Enanos o los mismos primos grises Sindar de Elrond. Pero un inmigrante aún más extraño. Porque todos los demás son comunes a verse. Es frecuente que se encuentren, pero Frodo y su escolta llaman la atención porque no son habituales.

De toda la trama de J.R.R Tolkien, creo que lo más fantástico es que Frodo regrese a la Comarca como si nada. ¿Por qué tenía necesidad Tolkien de hacer regresar a Frodo a su vida normal? Sin duda está explicado en el contexto de su historia como hombre.

Para los que hemos emigrado por distintas razones, que Frodo regrese es de alguna forma un alivio y una necesidad satisfecha, implica que la vida que siempre amamos está allí esperándonos. Cuando la realidad, que pareciera estar escrita por un Trasgo, siempre nos demuestra que no es así. Que aquellos que recordamos y anhelamos como nuestro pasado más hermoso, lo que nos formó y nos dio oportunidad de tener conciencia y de ser, dejó de existir, o se transformó de tal manera que se distorsionó, y probablemente para siempre.

Por más anillos que llevemos al mismo fondo de Orodruin, tenemos más oportunidad de volvernos un Golum de mirada dispersa y comportamiento obsesivo que ser un impecable y sereno Bilbo en el momento de su retiro si no somos capaces de superar el duelo del que formamos parte.

Saludos, amigos de la Comarca.

lunes, 30 de enero de 2017

Sobre la pertenencia

Arepa con chorizo colombiano de El Arepazo

He estado leyendo a Luis Racionero, su libro “Concordia o discordia” llegó a mis manos gracias a Albert Pérez Novell. Y a mí que me encanta leer, y que me recomienden lecturas, me dispuse y no tardé en tragarme por los ojos sus letras.

No hay nada de veneno en este libro aunque para algún andaluz de mucha fe y poca crítica podría ser muy pesado, es una explicación racional desde la teoría de sistemas de por qué surgen los nacionalismos, y de refilón, por qué España y Cataluña llevan esta suerte de relación de amantes mal queridos.

Este post no es sobre nacionalismo, no vincula a Venezuela, ni a Cataluña, ni a España (momento de que abandonen la página 486.000 apasionados del teclado). Este post va de la vida, del hombre, y de la reflexión de este lector mientras leía a Racionero.

No me meto con el tema catalán, porque es tan complejo, que aunque llevo ya un año y un poco más entrevistando a partes y partes, leyendo y tratando de comprenderlo, aún me siento incapaz de opinar sobre él, ni siquiera de conversar sobre el tema.

Aunque la explicación de Racionero sobre la teoría de sistemas aplicada a la realidad política catalana es para reflexionar, yo me perdí en los pensamientos que guardan referencia a la pertenencia. Esa necesidad humana de tener raíces.

¿Mis raíces?
Como explica el autor, esas raíces pueden provenir de la familia, pero existen en última instancia las que llegan por el terruño, por la nación. En una confrontación constante en la persona se encuentran, por un lado su visión cosmopolita del mundo (solidaridad) y por el otro su nacionalismo (pertenencia).

Comencé a cuestionarme ¿No tengo raíces nacionales?, ¿Cuáles son mis raíces nacionales?, ¿Por qué cuando pienso en mis raíces, sólo pienso en mi familia?

Haciendo mi descripción en frío, soy venezolano hijo de inmigrantes españoles, nací en mi bella Caracas, no olvido a mi cerro Ávila, que tanto visité y en sus quebradas (las limpias) me bañé. Soy de comer arepas con frecuencia interdiaria, soy gentil, amable y atento, de buen humor como la mayoría de los venezolanos.

Pero no tengo sentimientos radicales nacionalistas, estoy seguro que frente a otros criollos patriotas pecho rajao yo quedaría como un apátrida, y no me molesta. No sé si se lo debo a ser hijo de emigrantes, pero desde que nací siempre supe que pertenecer radicalmente a Venezuela me impedía, por exclusión del sentimiento, pertenecer al mundo. ¿Por qué debo yo amar más Caracas que a Barcelona?

Saldría algún valiente opinador “Es que Caracas te dio todo, ingrato!!”… ¿Caracas me dio todo?, ¿es que sólo por pertenecer a un terruño ya tenemos todo ganado?, la historia de mi familia me hace entender que no. Quien no trabaja, se aferra a la familia, y prospera para proveerse todo, no recibe nada. Caracas, como Barcelona, o Londres son solo espacios para que, quien se esfuerza, reciba lo que merece. Y en ellas estamos de paso.

Nacionalismo y egoísmo
Entonces sigo en los párrafos de Racionero, perdido sobre la pertenencia, y logro anclar ese concepto con el del egoísmo. Porque cuando pertenezco a algo también me pertenece, se vuelve mío, y por exclusión de nadie más, salvo que sea igual a mí. Mi oficina, mi carro, mi casa, mi parque, mi playa, mi ola, mi dinero, mis estudios, mi título, mi vida.

Comprendo entonces a cierto tipo de pertenencia en un nivel de egoísmo, y a este egoísmo como elemento fundamental del nacionalismo radical. “¡Toda esa montaña es mía, como las arepas, el sol, la playa, los cocos, el bienmesabe, la hallaca, me pertenece, nos fundimos (como el queso blanco a la masa)!”

El hombre moderno pareciera que necesita pertenecer para ser, a un club de fútbol, a un grupo de aficionados, a un partido político, a una nacionalidad, a una causa: “Hacer América grande de nuevo”. 

Ser más amplio
Pero entonces pienso en mí, y no sé si entre los que me leen habrán más como yo, que pertenezco al vientre de mi mamá, y a las piernas de mi abuela, a la silla de madera hecha por mi abuelo, al colador de café hecho de tela y guindado de un clavo, soy de allí.

Tengo nostalgia por Caracas, porque en ella crecí y viví, pero el sentimiento es exactamente igual que el anhelo que tengo de conocer Atenas, o visitar New York. Porque no pertenezco a un rincón, a un pedazo, soy del mundo, y el mundo es mi hogar.

Esa extraña forma de ser más amplio me lleva a ponerle escalibada o sobrasada a una arepa. Ver entre Barcelona y Caracas coincidencias. Sentir que edificios de La Candelaria se parecen a algunos en Trinitat Vella. Y así.

Paso páginas de Racionero y pienso en mis amigos criollos pecho patriota, y encuentro entre ellos un elemento común. Están aislados, encerrados hasta donde rompe la ola contra la arena.
Ese aislamiento, consecuencia del más radical nacionalismo, limita y castra. Y a su vez impide que las personas comprendan la realidad de lo que viven.

Mis amigos, están atados a su propio sentido aumentado de pertenencia.

Global y local
Como ellos, hoy el mundo pareciera encerrarse por miedo, en sentimientos nacionalistas, porque los problemas de otros son muy difíciles, como lo que ocurre en Siria o en Corea, y “es mejor quedarse en la Comarca y no salir a explorar, Frodo!!”.

El mismo maestro J.R.R. Tolkien en su obra nos hace una exaltación de la solidaridad entre las diferencias para vencer a males mayores. Ante grandes dificultades es natural querer encerrarnos y abrazar nuestros nacionalismos, por temor, por ira. Pero es lo peor que nos podemos hacer en la vida. Aislarnos.

Entiendo a aquellos que se aferran al nacionalismo, los comprendo bien, pero no veo útil esta vía. No creo que sea un buen camino para atender lo que nos exige nuestra evolución como especie sobre este Planeta. Pienso que resta mucho más que sumar.

Creo que de nuestro terruño lo que debemos llevar al mundo es nuestra forma de entenderlo y particularidades para compartir, como decía mi querido profesor Cristóbal Guerra, no hay nada más global que lo local. ¡No hay nada más sabroso que una arepa con sobrasada! 

Nota al margen 
Tardé por lo menos 2 semanas en publicar este post. Estaba en un debate entre si lo que publicaba aquí era producto de un momento en mi proceso personal o era un encuentro en una especie de laguna de varios afluentes de pensamientos. Terminó de decidirme subirlo la última foto del ala de un avión que partió de Maiquetía rumbo a lo desconocido para 5 amigos.

De todas estas experiencias de vida, algo bueno tiene que resultar. 


       
 
     
 



lunes, 11 de julio de 2016

El rincón desde donde escribo



Hace unos años, exactamente el 15 de noviembre de 2007 comencé este blog, un proyecto que nació a la par de Radio AYRE digital de mi amigo Daniel Santos, ambos eran proyectos de espacios para escribir entradas de aquellas cosas que nos llamaban la atención y no nos publicaban los medios en los que trabajábamos, y para tener una emisora de radio digital online gratuita, como un juego a emprender algo propio.

Ambos proyectos mutaron, AYRE Venezuela ha crecido con Daniel y ahora es un proyecto poderoso de noticias y mantiene fiel su formato de radio digital con la incorporación de señal de vídeo en vivo y un carácter informativo.

Este blog se ha vuelto un espacio más íntimo para hacer lo que tanto me gusta y mi día a día me lo impide, pensar y escribir.

¿ Por qué escribo?  
Hay cosas del mundo que no logro comprender, y escribir es un proceso digestivo, mientras lo hago voy digiriendo aquello y le saco provecho, siempre con una visión constructiva de la vida. Manteniendo claro mi objetivo de ofrecer herramientas para que todos, incluyéndome, mejoremos nuestra calidad de vida.

Aquí en este espacio, como autor me diluyo y me difumino entre la realidad que narro, no hay un punto para separar el espacio en el que comienza lo externo y lo interno, porque al final la realidad del mundo es un poco un acuerdo colectivo de lo que vemos desde adentro de nosotros.

En este blog me impulsa desde hace unos 9 años lo que soy, puramente mi esencia, y como siempre he dicho a mis alumnos, la única forma de ser verdaderos comunicadores exitosos es identificando aquello que te motiva a comunicar. Porque por más tropiezos, amenazas, golpes, y obstáculos que te encuentres, siempre seguirás comunicando con pasión.

Y la pasión debe ser una dosis justa en cada una de las cosas que hacemos.

Escribo para compartir, para que el que me lee, como ha sido hasta ahora, se sienta identificado y me escriba, acordemos o desacordemos con respeto, inteligencia y tacto.

Porque somos personas y el don de ser educados y reflexionar sobre lo que hacemos es, hasta ahora, exclusivo de nuestra especie. Aunque no dudo que existan animales en el planeta que puedan reflexionar, y seguramente mejor que algunos humanos, lo que pasa es que no lo sabemos.

Escribo este post como presentación de este espacio, que sirva como un letrero de esos que colocan en los Parques Naturales, para advertir a quienes llegan por primera vez, que lo que se conseguirán aquí dista de lo que seguramente esperaban.
¡Bienvenidos sean todos!
    

martes, 12 de abril de 2016

El compromiso de la felicidad




Son muchas las formas de ser feliz, o de creer serlo, y animarse a invocar a los cuatro vientos la felicidad para otros, con caminos decorados por libros, esencias, consejos y rituales que, cual alquimia, vuelven lo amargo en dulce.

Hay personas que encuentran placer en la búsqueda hacia la felicidad, y otros que afirman que se es feliz cuando se hace lo que realmente “place”. Y si de las vías hacia la felicidad habláramos no terminaría este post.

De todos los caminos me veo atraído por el más sencillo, y no el más simple, que reconoce a la felicidad como una opción o modo, y no una acción.

Pero este camino encierra un compromiso, un pacto consigo mismo.

De la envidia y la felicidad
Para mí no hay forma de volverse feliz, no hay camino. Se es feliz y ya, o no se es. Y es una clara elección en la vida que se puede aplicar para todo.

Hay personas que son felices con sus empleos y otras no, de ellas las hay felices con lo que hacen aunque no sea lo que les apasiona (aunque pocas) y la mayoría felices con lo que siempre han querido hacer. Y hay quienes infelices con sus dones, hacen las cosas para las que nacieron de forma infeliz.

La ignorancia te hace feliz
Sin duda que una forma magistral de ser feliz es a través de la ignorancia, pues el desconocer sobre un tema te exime de cualquier preocupación, así pues es feliz el niño que desconoce la pobreza de su hogar, como lo es el que desconoce el peso que representa la riqueza en el suyo.

¿Entonces el conocimiento es infeliz?, si conoces para ser feliz, no. Hay quien elige ser infeliz hasta cuando aprende. Y aprende desde el dolor, cree que el conocimiento es un peso, y conlleva sufrimiento. Hay sociedades completas montadas sobre este argumento. Inserte usted los ejemplos.

Sobre el dolor del conocimiento ya se ven luces en El nombre de la rosa de Umberto Eco.

El peligro que se corre cuando la felicidad proviene de la ignorancia, por encima de cualquier otro camino para conseguirla, es que te invita a ser un sujeto manipulable, que lejos de tener una crítica posición sobre ciertos temas que te hagan feliz; te hacen ser feliz, mientras otros deciden tu suerte.

Muchos murieron de hambre en la edad media, felices porque iban al encuentro con Dios, desconociendo que morían porque había manos humanas detrás decidiendo lo que debía pasar en sus vidas.

Muchos mueren hoy, en la feliz ignorancia del placer de malgastar su tiempo de vida disfrutando del entretenimiento que les permite la tecnología, y un mundo efectista, mientras otros deciden qué hacer con sus vidas.  

sábado, 9 de enero de 2016

Mi botiquín de primeros auxilios emocional

Botiquín de primeros auxilios emocional

No les he hablado sobre mi botiquín de primeros auxilios emocional. Y creo que es buen momento para hacerlo.

Hace unos meses decidí emprender un viaje, dejé mi zona de confort y abandoné mi casa, mi calle, mi barrio, mi país, mi continente, y me vine a nuevas tierras, a probar suerte.

Como todo aventurero, he tenido días duros y nobles, todos con aprendizajes muy valiosos. En los días más complejos recurro a parte de mi botiquín de primeros auxilios emocional.

Al igual que cuando nos herimos contamos con un pequeño estuche con elementos de emergencia para detener el dolor, el sangrado, cubrir una herida y desinfectar. Yo tengo uno pero para las heridas del alma.

Son muchas las heridas que en una aventura se pueden producir. En tu cabeza y en tu corazón pueden abrirse y comenzar a doler, sangrar y hasta infectarse de muy malas energías.

Recuerda, eres los pensamientos que siembras, si en tu mente cultivas ideas negativas serás un nudo de problemas, si siembras en positivo recogerás tesoros valiosos.

Para curar mis heridas este botiquín de primeros auxilios emocional está compuesto por varios elementos. Primero una camisa de mi esposa con su perfume, que me recuerda la razón principal por la que lucho, mi familia. Segundo un buen dísco de Fito Páez, una conexión musical con mis mejores momentos de vida en Caracas, Tercero mis acuarelas y papel para pintar. Cuarto, un paquete de cinco libros que NUNCA conseguiría en Barcelona (editoriales venezolanas).  Quinto, foto de cada uno de mis maestros de vida, esas personas que ya no están vivas y a las que puedes hablarle a las fotos. Sexto, cinco cartas de personas a las que le cambiaste la vida y te agradecieron. Séptimo, unos collares regalados. Octavo, las tarjetitas de santos que me regaló mi abuela, mi cuñada, y mi mamá. Noveno, una foto de mi familia. Décimo, un detalle que me recuerda cada viaje que he hecho dentro de Venezuela y fuera. Onceavo, una insignia de mis equipos deportivos, aquellos por los que grité con furor.

Este botiquín lo puedes armar tu con ajustes a tu medida, pero lo importante es que siempre te cure. Tal cual como lo hace el que usas para el cuerpo.

Recuerda, en las emergencias, incluyendo las emocionales, es mejor siempre estar preparado.

¡Hasta una próxima oportunidad!