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domingo, 12 de noviembre de 2023

Navidad: entre el verde y el rojo, la Poinsettia y el acebo

Foto: Magda Ehlers


 "Sólo hubo una Navidad, el resto son aniversarios." 

William John Cameron.


Comenzamos con contundencia, con esa frase llena de razón de John Cameron, y que tira por el suelo toda la campaña de Navidad de más de un publicista. 

¿Pero si nos hundimos más?, si terminamos, por fin, de desenredar esas luces navideñas, que con el diseño actual, ya no duelen como antes cuando el pié descalzo les pasaba por encima. Vamos a dar respuesta a la primera pregunta que nos viene a la cabeza, cada vez que llega la Navidad. ¿Por qué todo es verde y rojo?

Resulta ser que le debemos el color de la Navidad a los mexicanos, a un norteamericano apasionado y enamorado de latinoamérica, a la nostalgia de unos monjes misioneros franciscanos, y a las primeras celebraciones teatrales de la Navidad en la Edad Media. 

Viste, en nada de esta cadena de eventos fortuitos mencioné nunca a Coca-Cola, porque NO le debemos el color de la Navidad a la bebida gaseosa, muy por el contrario, ella se valió de su significado para entrar a las mesas de la cena navideña.

Bueno, veamos de dónde se cree que viene todo, como dice Bill Newcott en su artículo para la National Geographic, "Los misioneros franciscanos llegaron a México en el siglo XVI y empezaron a montar elaborados pesebres en Navidad. El acebo, la planta navideña preferida en Europa, no se encontraba en ninguna parte para los dioramas".

Y es que el acebo (Ilex aquifolium), es típica de Europa: "la madera de acebo es de muy buena calidad, dura y tan densa que no flota en el agua, por lo que no sería útil en la industria naval. Es apreciada por los ebanistas para elaborar mangos, culatas de armas y por teñirse bien de negro e imitar a la de ébano; además es muy estimada como leña, para hacer carbón y por los pastores para confeccionar bastones resistentes. En este sentido, Miguel de Cervantes cuenta en el cap. XIII de El Quijote: «Venían unos pastores hacia ellos y traía cada uno un grueso bastón de acebo en la mano…». Y el poeta y militar toledano Garcilaso de la Vega en sus poesías escribe: «Allá dentro en el fondo está un mancebo, / de laurel coronado y en la mano / un palo, propio como yo, de acebo»".

El uso de acebo en Navidad viene del campo y el pastoreo. El follaje del acebo es un buen forraje para el ganado en invierno, pero cuando está acompañado de sus típicos frutos rojos en épocas invernales, se suele separar un poco para adornar, y para hacer la liga, una goma para atrapar aves.

Su estructura física es muy similar a una coroña de espigas, y sus frutos rojos y pequeños, asemejan gotas de sangre, así que es muy fácil asociarla a la corona usada por Jesucristo en la cruz.

Pero el rojo y el verde del acebo no es la única referencia religiosa que viene de la antigüedad, resulta que en la Edad Media había cierta fascinación por estos tintes, como cita la revista Semana al investigador Spkie Bocklow, científico de la Universidad de Cambridge: "el uso del rojo y el verde se remonta a las iglesias de la época medieval, que a su vez inspiró a los ingleses, antes de llegar a nosotros", en Navidad se solía representar actos de la Biblia, como el Pecado de Adán y Eva, para lo cual se utilizaba, normalmente un pino ornamentado de manzanas rojas, en el célebre acto de la culebra que tienta a Eva.

Bueno, volviendo a los misioneros franciscanos, los pobres no tenían en México ni pinos, ni manzanas, ni acebos, pero si tenían el conocimiento adquirido de los aztecas, que como señala Mark Hoddle: "llamaban a la planta cuetlaxochitl (flor brillante) y los mayas k'alul wits (flor de brasa)" (Hoddle en Bill Newcott, 2023).

Pues comenzaron a engalanar las representaciones del nacimiento de Jesús con aquella flores de la planta de cuetlaxochitl, ¿cuetla qué?... ¡claro!, aún no se les llamaría Poinsettia, falta un personaje en la historia.

Resulta que a comienzos de 1800 un diplomático norteamericano, Joel Poinsett llegó a México, y en Navidad apreció la belleza de la ornamentación que producía esta planta en los portales de las casas, iglesias, y representaciones del nacimiento de Cristo, y como era muy frecuente en esta época, decidió tomar un pedacito de aquella belleza y comenzar a cultivarla para su gente en Estados Unidos. 

La gente comenzó a llamar a la planta, la planta de Poinsett, y de allí quedó el nombre actual de Poinsettia. La planta, muy delicada, comenzó a reproducirse con éxito, y hoy se le puede encontrar en cualquier rincón de América, y hasta en los supermercados europeos o en los mercadillos de navidad.

Casualmente, es muy frecuente ver al acebo al lado de su reemplazo, la Poinsettia decorando mercados de Navidad en Alemania, España, o Reino Unido.

Esta planta también se puede encontrar en África, y es que realmente no es un árbol propio del frío, sino más bien de climas relativamente secos en buena parte del año, por eso crece muy bien de forma natural en México y Guatemala, y los indígenas conocían muy bien sus propiedades medicinales, más allá de las ornamentales, por lo que era muy usada.

Y es que la Poinsettia, tiene nombre científico, es la Euphorbia Pulcherrima. "El género Euphorbia fue nombrado en honor de Euphorbus, el médico griego del rey Juba II de Mauritania (un erudito de historia natural) en el siglo I dC, quien usó el látex de la especie Euphorbia con fines medicinales". (Bonells, 2018). Así que una prima de esta planta también crecía en África. Pero no era "la más bonita", ya que pulcherrima en una derivación de latín quiere decir esto: "la más bonita entre todas".

Pues su belleza no es tanta para algunas regiones del Planeta, y hoy se le considera maleza invasora en partes de África, India y las Islas Canarias.

Así que eso, ese verde y rojo de la Poinsettia que comparte con el acebo, con el pino con manzanas guindando (aún sigo pensando por qué un pino), y con la Coca-Cola es el resultado de una mezcla de sucesos fortuitos de un Mundo que se mueve sin parar, pero que en el fondo las emociones siguen siendo su razón de ser.

El color verde, asociado con la esperanza de un mejor porvenir, y el color rojo asociado con la sangre, en el caso de la celebración religiosa, la sangre de Cristo, y en una asociación más mundana, la sangre como sacrificio y esfuerzo.

Hablando de significados, la Iglesia Católica no asumió ninguno de estos colores para las casullas de sus sacerdotes en Navidad, el verde esperanzador es el color que se suele usar en tiempo Ordinario (sin celebraciones) y el rojo se deja para rememoraciones de tiempos de sacrificio, y de conmemoraciones a los mártires. En Navidad, el color blanco de las casullas es el de la celebración, la alegría, la inocencia, y la pureza, en honor al hijo de Dios. 

Y para terminar, no, no eran minas explosivas para pies, esas formas antiguas de las luces navideñas. Se trataban de representaciones de estilo nórdico de formas de flores parecidas a estrellas que se guindaban en los pinos, pero estas hechas en plástico muy duro y resistente al calor. 


En este post:

Poinsettia

Flor de Pascua: ¿De dónde viene la tradición navideña de poner Poinsettias?

Ilex aquifolium

¿Por qué el rojo y el verde son los colores de la Navidad?

Rojo, verde, morado… ¿Qué significan los colores de las vestimentas de los sacerdotes?

La Euphorbia Pulcherrima


 


 

miércoles, 14 de septiembre de 2022

El peor de los males, la muerte, no significa nada

Mis abuelos y Loreto


Mi casa en Caracas tenía una azotea que, cuando era pequeño, era común con mis abuelos y tíos. Ella tenía un muro verde que de altura me llegaba al pecho, y por encima del muro tenía unas vistas del maravilloso Ávila, y parte de mi barrio y mi ciudad.

Siempre había alguna herramienta útil para poder jugar, aunque juguetes nunca me faltaron. Pero yo me divertía con un tubo de papel, una brocha, un pedacito de tubo de metal, o cualquier cosa de la construcción de la casa que estaba por allí colocada. 

Imaginaba batallas titánicas en las que participaba. Sin saber que la lucha ya había comenzado el día en que nací.

Miraba mi cielo azul clarito con las nubes blancas, y esos colores que sólo tienen los cielos caraqueños, y como de pronto se derretía el azul ante los bordes imponentes de la montaña madre, de ella a mi casa venían siempre invitados: monos, cacatúas, búhos, murciélagos, loros. 

Era feliz, con esa felicidad que sólo se tiene una vez, porque no te cuesta nada; simplemente eres feliz sin tener que hacer nada para conseguirlo. 

Al girar, miraba a mi abuelo en su rincón trabajando sin parar, metiendo y sacando manteles de las 3 lavadoras que tenía, un sistema creado por él y mi abuela para poder lavar las fundas de las mesas de las agencias de festejos. Allí estaba, siempre riendo, siempre en calma, siempre fumando y diciéndome "Sauki, ¿Qué estás haciendo?, no te pongas a inventar, inventor".

A sus pies estaba Sultán, uno de nuestros amados perritos, negro como el azabache y adorable, no dejaba de venir a darnos amor, a jugar, siempre a nuestro lado.

Mientras, mi abuela planchaba cientos y cientos de manteles, no importa el tamaño o lo arrugado, aquellos manteles siempre quedaban lisos y listos. Y lo hacía con un cariño, a la par de planchar, contaba y anotaba, y jugaba con todos sus nietos. Vale decir, que mi abuela nunca aprendió a leer ni a escribir en una escuela.

Aunque era un niño, a veces, en aquella azotea, rodeado de tanta alegría pensaba en el día que la vida girara, no sé por qué ni de dónde me venían esas ideas, pero le oraba a Dios para que me alargara aquellas tardes...

¡Que tonto fui!, si hubiera aprovechado cada rato de reflexión para ganar más tiempo de ese momento. Porque el día que tanto temía llegó ese 18 de septiembre de hace 9 años, cuando mi abuelo partió de este mundo. 

Fue tan rápido, y en un momento tan difícil, que no pude despedirme de él. Mi madre sí pudo tomar su mano, pero yo ni siquiera pude verle.

Aún así, y aunque lloré mucho, no sentí que lo perdiera. Como un río que viene de frente, empezaron a llegar a mi cabeza todos los recuerdos, todas las conversas, las idas a por pan, los ratos de comer "pan con refresco", lo bien que la pasaba con su loro "Loreto". 

Ya no veía a mi abuelo en las comidas familiares, o en la cocina, o bajando los manteles de su camioneta, pero mi abuelo no había desaparecido, no del todo. Estaba en mi, estaba allí.

“El peor de los males, la muerte, no significa nada porque si somos, la muerte no es; si la muerte es, no somos.” Epicuro (341-270 a.C.), Carta a Meneceo.





lunes, 13 de junio de 2022

Otra manera de orar


De pequeño, nunca aprendí a temerte, porque mi encuentro contigo siempre fue para acobijarme y acompañarme en los momentos más duros que a esa edad me tocó vivir. 

De noche juntaba las manos, no me aprendí bien ninguna de las oraciones que decía la gente que te gustaba recibir. Siempre pensé que por ello me querrías menos. Pero pasó el tiempo, me aprendí todas las que pude, y fue cuando descubrí que las mejores fueron las que dediqué desde mi corazón.

Cuando iba a tu casa, mi corazón palpitaba con una fuerza inigualable, y sentía que el alma se me salía por el pecho, celebrando la alegría de tu presencia. Aprendí después que estabas en todas partes, y no sólo entre cuatro paredes. En especial, te podía encontrar en la mirada de otra persona, en la mañana más hermosa o la noche más oscura. Allí, siempre estabas.

Pensaba que quién te alababa ya era buena persona, pero luego entendí que primero se es buena persona para que las alabanzas tengan sentido alguno.

Crecí, y las ideas, las ciencias y la razón parecían alejarme de ti. No había espacio en mi cabeza para ambos. Y entonces dudé. Como aquél que teniendo una vida maravillosa duda de todo lo bueno que le pasa.

Cuando más dudaba, más estabas allí, tocando la puerta, dejando notas debajo de la puerta. Y entonces volví a dudar. Pero mi cabeza me decía: "es la casualidad, seguro tiene una explicación, es suerte".

En un momento llegué a pensar que no había nada más grande que el hombre. Me avergoncé de pensar aquello, ¿Cómo era posible que yo pensara eso?, de ser así, tu no existirías.

Y pensando, y pensando, un día caí en cuenta que, detrás de ese mismo pensamiento, estabas tu. Allí, sonriente como siempre, esperando al niño que está aprendiendo a caminar por la vida. ¿A quién le iba a importar más que yo pensara que no había nada más inmenso que tu propia creación?, obvio que a ti.

Y allí vi como todas las ciencias se volvieron una forma humana de darle sentido a tu obra, todas a tu servicio para hacernos entender cómo hiciste este lugar, espacio, tiempo.

Y aún así, pensé entonces que tu existencia no tenía sentido, si había espacio para la maldad en el corazón del hombre, para que fuese capaz de matar, de dañar, de destruir. Pero, una vez más, estabas allí para oírme preguntarme y responderme. Esa maldad no era tuya, no estaba colocada por ti, era un sentimiento que nacía de la desviación de nuestra propia libertad. Y justamente, de personas que, aún alabándote, eran incapaces de reconocer que cualquier acto, así sea en tu nombre, contra otro hijo tuyo, sólo se traduce en una expresión de ese mal. 

Hoy vuelvo de nuevo a juntar mis manos, como lo hacía de pequeño, noto que he cambiado, pero tu sigues allí, igual que cuando no me sabía ninguna oración de esas que decía la gente que te gustaba escuchar.




lunes, 29 de noviembre de 2021

Las palabras son como un barco

Imagen de RobertFrw en Pixabay 

Hoy miraba como flotaba un barco en el puerto, me sorprendía la capacidad de algo tan grande y pesado de mantenerse a flote, atado y en un agua tan calma. 

Los pequeños golpes del agua contra el casco era lo único que rompía el silencio. Y yo pensaba en las palabras como aquél barco, capaz de flotar en medio del mar de ruidos y voces. 

Las palabras te pueden hacer navegar, en un viaje maravilloso y único, a través de calmadas aguas y paisajes inolvidables, y también pueden meterte en verdaderas tempestades, con olas gigantes, y amenazas constantes. 

¿Hacia dónde han decidido navegar tus palabras? 

martes, 1 de diciembre de 2020

Podcast: Solos frente al peligro - Primer Episodio: La Bondad



Hola, estrenamos esto de los podcast. Espero que lo disfruten, y que dejen sus comentarios en el blog 👀

En este audio:

Las canciones de fondo son de:

You + Me de JakeBCMusic @jakebcmusic en Instagram

I Saw a Ghost Last Night de Leonell Cassio

El tema musical es:

Neil Moliner - Mi Religión https://www.youtube.com/watch?v=fUN_G-zeJB8


miércoles, 10 de junio de 2020

Apuntes sobre el racismo


Pintura de una familia de Brasil realizada por el retratista  
neoclásico Jean-Baptiste Debret (1768-1848) 

Hace algunos años tuve una alumna de origen portugués. Hermosamente muy portuguesa, de rasgos muy marcados, huesos muy fuertes, ojos profundamente grandes y una mirada honda. Labios pronunciados y una dentadura envidiable. Cabello castaño tostado del Mediterráneo. Pequeña de tamaño y con una voz muy aguda.

Sin duda que destacaba del promedio de sus compañeros con características físicas más típicas de las costas caribeñas y del Mar Caribe. Era como una exclamación entre tantas palabras similares.

Evidentemente, esperaba yo, como ustedes, que el nivel de mis alumnos universitarios les llevara a hacer descripciones similares de su compañera. Pero no sucedió, por el contrario la incomprensión de lo desconocido, el temor a lo diferente se apoderó del grupo.

Y apareció la oportunidad para los más inseguros de sí mismos. Señalarla a ella, y burlarse de sus diferencias parecía satisfacer una falsa seguridad de pertenencia e inclusión social “nosotros sí somos los mejores, somos iguales”.

Soporté dos y tres clases de lo mismo, mi alumna llorando, los otros disfrutando entre murmullos y risas. Hasta que me harté, e hice lo que creo que todos debemos hacer. Paré mi clase y dije “vamos a hablar sobre el racismo, y el respeto al otro”.

En seguida salieron los teóricos luchadores progresistas a decir “por qué es malo el racismo”, dejé que argumentaran todo. Y en un punto dado, les dije que todos eran bien racistas. La reacción fue reírse. Pero la risa duró poco, muy poco… Cuando se identificaron en las bestias que tan bien habían definido. ¡Racistas! Porque el racismo no es sólo de blancos hacia negros.  

El odio no acaba con el racismo

La violencia y el odio nunca son la solución para este tema. “Es una expresión social”, pues a mi parecer la peor. Justamente el racismo es un tipo de violencia que normalmente termina cobrándose la vida de un inocente. Apagar la violencia con más violencia siempre es una mala elección.

Al racismo se le apaga con educación.

Ocultarlo no acaba con el racismo

Increíblemente la moda entre los anti-racistas es borrar al racismo de cualquier lado, tirando estatuas del pasado. Prohibiendo cintas de cine, ocultando publicidad de épocas en que el racismo campeaba. 

Si al racismo se le oculta, el resultado inmediato es su reaparición, sin maldad aparente en un principio, como el ejemplo de mis alumnos. Pero que progresivamente va volviendo un infierno la vida de los afectados. Porque el racismo sobrevive en la ignorancia de conocerse a sí mismo. Cuando el racista se identifica, y entiende lo absurdo de su actuar, suele dejar de comportarse inmediatamente de esa manera.  

Borrar al racismo y al racista NO hará que esto desaparezca, sino más bien producirá más racismo a corto plazo, y sin tener ninguna herramienta a la mano para poderlo ejemplificar, e identificar.

¿Realmente estás luchando contra el racismo, o simplemente estás buscando una buena razón para seguir odiando?

miércoles, 4 de abril de 2018

Shinrin-yoku: Baños de bosque en Barcelona




En este siglo tan complejo, hay ciudades, como Barcelona, que tienen la fortuna de estar rodeadas de costas y bosques a pocos minutos de sus centros urbanos. Esto puede ser motivo de envidia.

Las tendencias sobre calidad de vida han estado girando la mirada hacia la salud integral, que incluye al hombre y su entorno. Y en los últimos años han asumido la hipótesis de considerar a las urbes como generadoras de insatisfacciones y enfermedades. Como lo señaló la publicación del trabajo de investigación del doctor Philip Awadalla del Instituto de Investigación del Cáncer en Ontario (Canadá) en la revista Natura, que reseña La Vanguardia.

El Mindfulness, y otras filosofías orientadas hacia recuperar la salud integral del ser humano cada vez más incluyen al entorno como elemento determinante para completar los procesos de renovación y sanación.

Una de estas filosofías, la conocida Shinrin-yoku está volviendo a recuperar importancia en Europa, estos últimos meses. Aunque es una técnica que se viene utilizando desde la década de 1980.

El Shinrin-yoku tiene sus orígenes en Japón, es una filosofía que centra su actividad en el entorno, y parte de la idea de que el bosque es un espacio que conduce naturalmente a una vida más saludable.

Cuidado de confundirse, nada tiene que ver con andar besando árboles. Es más profundo que este simbólico gesto. Parte del principio de la unión de la parte (hombre) y el todo (bosque). Si una parte no está “bien” el “todo” propiciará que sane.

Pertenece a una rama de la medicina preventiva, y es una poderosa terapia alternativa contra el estrés, los trastornos emocionales, y otras dolencias principalmente con base anímica.

Literalmente Shinrin-Yoku significa baño de bosque, y es la mejor manera de liberar las toxinas del entorno de las urbes, y permitir al cuerpo (como parte) recuperar de forma natural el equilibrio con el todo, representado por la naturaleza.

Barcelona tiene numerosos parques con bosques cercanos, como: Parque Periurbano de Collcerola, Parque agrario del Bajo Llobregat, Parc de la Ciudadella, Parc del Guinardó, El Parc del Turó del Putxet, Parc de l'Oreneta, en el que se hace sencillo implementar esta práctica.

Guías para practicar Shinrin-Yoku


Para no confundirse, y terminar haciendo cualquier cosa menos Shinrin-Yoku, lo mejor es seguir una guía. Y el mundo editorial en español nos ofrece varias opciones.

La mejor recomendada, por ser la de más reciente publicación, fácil consulta, y tratarse de una guía escrita por una periodista especializada en el tema, es Shinrin-Yoku: Sumergirse en el bosque, de Annette Lavrijsen, publicada por Los Libros del Lince, y que se puede conseguir en cualquier librería de Barcelona, o por Amazon.

En ella, la autora facilita las claves para una práctica sencilla del Shinrin-Yoku en Occidente, y sus beneficios. Es un libro de fácil lectura, y un atajo perfecto para comenzar inmediatamente a incluir esta tendencia en la lista de actividades saludables que realizamos.

Casualmente la autora del libro estará visitando Barcelona estos próximos días: 4, 5 y 6 de abril, con suerte se puede aprovechar alguna actividad, firma de ejemplares o sorteo que organice la editorial que publica su libro. La cuenta en Twitter de la editorial es @LinceEdic.  



martes, 12 de abril de 2016

El compromiso de la felicidad




Son muchas las formas de ser feliz, o de creer serlo, y animarse a invocar a los cuatro vientos la felicidad para otros, con caminos decorados por libros, esencias, consejos y rituales que, cual alquimia, vuelven lo amargo en dulce.

Hay personas que encuentran placer en la búsqueda hacia la felicidad, y otros que afirman que se es feliz cuando se hace lo que realmente “place”. Y si de las vías hacia la felicidad habláramos no terminaría este post.

De todos los caminos me veo atraído por el más sencillo, y no el más simple, que reconoce a la felicidad como una opción o modo, y no una acción.

Pero este camino encierra un compromiso, un pacto consigo mismo.

De la envidia y la felicidad
Para mí no hay forma de volverse feliz, no hay camino. Se es feliz y ya, o no se es. Y es una clara elección en la vida que se puede aplicar para todo.

Hay personas que son felices con sus empleos y otras no, de ellas las hay felices con lo que hacen aunque no sea lo que les apasiona (aunque pocas) y la mayoría felices con lo que siempre han querido hacer. Y hay quienes infelices con sus dones, hacen las cosas para las que nacieron de forma infeliz.

La ignorancia te hace feliz
Sin duda que una forma magistral de ser feliz es a través de la ignorancia, pues el desconocer sobre un tema te exime de cualquier preocupación, así pues es feliz el niño que desconoce la pobreza de su hogar, como lo es el que desconoce el peso que representa la riqueza en el suyo.

¿Entonces el conocimiento es infeliz?, si conoces para ser feliz, no. Hay quien elige ser infeliz hasta cuando aprende. Y aprende desde el dolor, cree que el conocimiento es un peso, y conlleva sufrimiento. Hay sociedades completas montadas sobre este argumento. Inserte usted los ejemplos.

Sobre el dolor del conocimiento ya se ven luces en El nombre de la rosa de Umberto Eco.

El peligro que se corre cuando la felicidad proviene de la ignorancia, por encima de cualquier otro camino para conseguirla, es que te invita a ser un sujeto manipulable, que lejos de tener una crítica posición sobre ciertos temas que te hagan feliz; te hacen ser feliz, mientras otros deciden tu suerte.

Muchos murieron de hambre en la edad media, felices porque iban al encuentro con Dios, desconociendo que morían porque había manos humanas detrás decidiendo lo que debía pasar en sus vidas.

Muchos mueren hoy, en la feliz ignorancia del placer de malgastar su tiempo de vida disfrutando del entretenimiento que les permite la tecnología, y un mundo efectista, mientras otros deciden qué hacer con sus vidas.  

sábado, 9 de enero de 2016

Mi botiquín de primeros auxilios emocional

Botiquín de primeros auxilios emocional

No les he hablado sobre mi botiquín de primeros auxilios emocional. Y creo que es buen momento para hacerlo.

Hace unos meses decidí emprender un viaje, dejé mi zona de confort y abandoné mi casa, mi calle, mi barrio, mi país, mi continente, y me vine a nuevas tierras, a probar suerte.

Como todo aventurero, he tenido días duros y nobles, todos con aprendizajes muy valiosos. En los días más complejos recurro a parte de mi botiquín de primeros auxilios emocional.

Al igual que cuando nos herimos contamos con un pequeño estuche con elementos de emergencia para detener el dolor, el sangrado, cubrir una herida y desinfectar. Yo tengo uno pero para las heridas del alma.

Son muchas las heridas que en una aventura se pueden producir. En tu cabeza y en tu corazón pueden abrirse y comenzar a doler, sangrar y hasta infectarse de muy malas energías.

Recuerda, eres los pensamientos que siembras, si en tu mente cultivas ideas negativas serás un nudo de problemas, si siembras en positivo recogerás tesoros valiosos.

Para curar mis heridas este botiquín de primeros auxilios emocional está compuesto por varios elementos. Primero una camisa de mi esposa con su perfume, que me recuerda la razón principal por la que lucho, mi familia. Segundo un buen dísco de Fito Páez, una conexión musical con mis mejores momentos de vida en Caracas, Tercero mis acuarelas y papel para pintar. Cuarto, un paquete de cinco libros que NUNCA conseguiría en Barcelona (editoriales venezolanas).  Quinto, foto de cada uno de mis maestros de vida, esas personas que ya no están vivas y a las que puedes hablarle a las fotos. Sexto, cinco cartas de personas a las que le cambiaste la vida y te agradecieron. Séptimo, unos collares regalados. Octavo, las tarjetitas de santos que me regaló mi abuela, mi cuñada, y mi mamá. Noveno, una foto de mi familia. Décimo, un detalle que me recuerda cada viaje que he hecho dentro de Venezuela y fuera. Onceavo, una insignia de mis equipos deportivos, aquellos por los que grité con furor.

Este botiquín lo puedes armar tu con ajustes a tu medida, pero lo importante es que siempre te cure. Tal cual como lo hace el que usas para el cuerpo.

Recuerda, en las emergencias, incluyendo las emocionales, es mejor siempre estar preparado.

¡Hasta una próxima oportunidad!  

miércoles, 19 de agosto de 2015

Caridad es amar en acción



La caridad como la conocemos dista mucho de su concepto original, y como valor humano es uno de los que el mundo actual más carece.  Ya entenderemos por qué.

Caridad en las acciones


La caridad no es un acto, en su significado en latín, caritas, se refiere al amar en los hechos, a hacer las cosas por amor.

“Caritas est” se refiere a que amor es; sentencia el acto de amor con la entrega.

Cuando hacemos una obra de caridad no estamos practicando la caridad necesariamente, aunque parezca contradictorio.


Dar no es caridad


Entonces en este punto es cuando llegamos a la discusión típica del metro o transporte público. ¿Darle dinero a un mendigo es un acto de caridad?, ¿Sí o no?

Las opiniones en este sentido siempre son divididas, los que creen que la vida es un acto propio de responsabilidad dirán que dar dinero es enviciar a las personas a pedir, que le ofrezcan trabajo o que vaya a una ONG. Y los que ven la vida como una suerte de destino de las acciones de los demás dirán que es culpa de la sociedad y el Gobierno, que esa persona es mejor que pida antes que robe, que hay que ayudarla porque el destino la tiene así.

Ambas tienen razón pero ninguna de las dos está siendo caritativa.

La caridad es amar, y las opiniones sobre la suerte del otro deben estar sustentadas en el amor, y no en la visión personal.

He visto gente que de verdad practica la caridad, y cuando un mendigo le pide dinero, saca de su bolso un sándwich y se lo da. El mendigo ha pedido monedas, pero desde el amor, el que lo escucha transforma su petición en la mayor necesidad que pueda cubrir esa persona con las monedas, es decir su comida.

Porque así sea que la solución es ofrecerle un trabajo o ayudarlo socialmente, el hecho es que ese mendigo tiene una necesidad real, urgente e inmediata, que las opiniones no van a llenar.

La caridad va encaminada por el amor. Ese sentimiento que hace que sueltes tu desayuno en las manos de un extraño porque te provocó. Tu bien puedes comprarte algo más adelante.

La caridad es compromiso con la humanidad, en silencio y sin juicios. Así como está este ejemplo, hay cientos de caritativos colaboradores en centros de atención y albergues dando, con afecto, lo mejor de sí.

La caridad en el trabajo


Entonces la caridad se eleva en condición, ya no es un acto sólo para el que no tiene. Es más una buena práctica social. Debemos ser caritativos en todos los espacios de nuestra vida. Con nuestros hijos cuando se equivocan, con nuestras esposas y esposos. En la oficina con el que necesita una mano. La caridad es entonces, como decía la Madre Teresa, una forma de vida.


¿Con qué puedes ser caritativo hoy? 

viernes, 14 de noviembre de 2014

El desgaste del deseo…

El deseo desgasta


Las cosas que hemos inventado para facilitar nuestra vida se desgastan con el tiempo, en una curva que todos bien conocemos. ¡Es la naturaleza de la vida! aseguramos, tenemos que nacer, crecer, reproducirnos y morir; y así pasa con todas las cosas que creamos.

Seguramente, ustedes que leen han sido expertos en esto de la curva de la vida, nuestro trabajo y nuestra existencia se rigen por ella. Y como ustedes bien saben lo ideal es prolongar en el tiempo aquel instante en el que nuestra curva de existencia se encuentra en el momento más espléndido, porque luego de ello viene la depreciación, comenzamos a decaer, entramos en caos, se aproxima la desaparición.

Hay quienes, no teniendo la capacidad de saber cuando es su momento más espléndido, prefieren vivir la vida al máximo, consumiéndose como un cometa. Otros tienen esa habilidad de planificarse, y logran hasta calcular el momento de su fin.

Pero ninguno toma en cuenta un factor importante que afecta el tiempo de la existencia misma de las cosas. Es el deseo.

Claro, no lo vemos porque forma parte de nosotros, es la enfermedad que no queremos saber que existe. Pero que tarde o temprano nos consume.

El deseo corroe, deseamos sin parar y eso desvanece las cosas… Deseamos tener carro, tener casa, tener cosas, sin pensar en las consecuencias de lo que deseamos.

El problema es que el efecto del deseo individual es para todos. Deseamos tener cosas que nos simplifiquen la vida a costa del desgaste del Planeta, deseamos cosas del prójimo a costa de su propia felicidad.

El deseo desintegra todo a  su paso, lo añeja y vuelve polvo. Es por ello que textos sagrados en la mayoría de las religiones lo condenan. Porque el deseo es el camino más próximo a la extinción.

El deseo, ese que usted posee, de alcanzar cosas, a lo mejor lo ve sanamente porque no ha perjudicado a nadie, pero lo que usted no sabe es que le ha empezado a oxidar el alma, la mente, secándolo como una pasa, como una ciruela confitada.

Usted dirá, entonces ¿qué sentido tiene la vida sin deseo?, ese es un buen punto de partida para darle otro sentido a su vida, por ejemplo una existencia de servicio, o de contemplación del mundo. Existen cientos de caminos menos desgastantes que el del deseo.

El deseo es tan penetrante que, seguramente cuando a usted le preguntan quién es, responde desde sus deseos y no desde sus cimientos.

¿Quién es usted?, un reconocido abogado, un exitoso médico, un multimillonario empresario, un poderoso político. ¿Seguro?

El deseo recorta el tiempo de nuestra existencia, porque nos consume, como consume a las cosas.


Deseé una casa aunque para ello tuviese que dejar sin techo a cientos, deseé comer lo que estaba en el plato de otro aunque para ello tuviese que levantarlo y dejarlo sin comer, deseé tener un carro aunque para ello tuviera que contaminar el aire de nuestros hijos, deseé tener poder aunque para ello tuviera que pisarte…

viernes, 28 de marzo de 2014

Una abuela ejemplar



Vas flotando por Instagram en búsqueda de cosas agradables e inspiradoras sobre que postear y de repente te encuentras con la historia de Betty.


Betty es la graciosa abuelita de Zach Belden, un joven de Louisville, Kentucky, que tiene una estrecha relación con ella.

La abuelita divertida tiene una cuenta en Instagram donde Zack sube todos sus videos y fotos, su usuario es @grandmabetty33

Claro subir fotos y videos de tu abuela de 80 años podría considerarse un abuso, pero el caso es que Zach lo hace porque su abuela fue diagnosticada con cáncer de pulmón, una noticia difícil de asumir para la familia.

El joven decidió guardar para él, y todos los suyos, fotos y videos de su abuela en sus momentos más geniales. Lo que al principio comenzó como una iniciativa familiar hoy recoge el interés de más de 460 mil seguidores.

Ahora la abuela, quien es una divertida luchadora contra una enfermedad difícil de afrontar, revisa el Instagram con su nieto, comparte inquietudes y lee mensajes de apoyo que recibe.

Se ha tomado fotos, videos, y ha tomado carteles con mensajes muy positivos. Ella a través de la red social ha sensibilizado a la gente, en especial sobre la actitud que se puede asumir cuando el panorama no pinta alentador.


Es tal la admiración y adoración que despierta la abuelita, que una agencia de diseño le ha regalado su propio logo, producto de los gestos que suele hacer en sus fotos.

Todo un ejemplo de filosofía de vida y de lucha.