martes, 1 de diciembre de 2020

Podcast: Solos frente al peligro - Primer Episodio: La Bondad



Hola, estrenamos esto de los podcast. Espero que lo disfruten, y que dejen sus comentarios en el blog 👀

En este audio:

Las canciones de fondo son de:

You + Me de JakeBCMusic @jakebcmusic en Instagram

I Saw a Ghost Last Night de Leonell Cassio

El tema musical es:

Neil Moliner - Mi Religión https://www.youtube.com/watch?v=fUN_G-zeJB8


viernes, 16 de octubre de 2020

Escribir es un acto de desesperación, ¡ayer y hoy!

Danilo Kiš (Subótica, Serbia, 1935 – París, 1989) Foto: Archivo Acantilado. 

Hace ya unos 13 años me encontraba en el callejón entre todo lo que conocía y creía que era verdad, lo que sentía y analizaba, y lo que realmente estaba pasando en el mundo, lo que ocurría allá afuera. Me ha tocado ser testigo de la deshumanización, la pérdida, el dolor, el vacío, la carencia, el sufrimiento, la muerte, la pena, la desidia. Pero aún conservo como tesoro en mi alma todo en lo que creo y conozco como verdad sobre el hombre y el mundo.

En el momento de aquél callejón que me martirizaba y enfermaba, y ya mucho antes, había descubierto que escribir era una acción desesperada e impulsiva de escape. Siempre que veía algo que me dolía o arrollaba, yo corría a escribir. Así nació hace 13 años este blog.

Hace una década no conocía a Danilo Kiš, no sabía de su existencia y mucho menos de su aporte a la literatura universal.

Escribir antes de morir    

Ojalá alguno de sus libros hubiera caído en mis manos antes. Porque Danilo Kiš miraba a la escritura como una acción, más que liberadora, casi como un salvavidas. 

"Cuando uno ya no tiene nada que perder, empieza a escribir. Escribir es un acto de desesperación. Ahorcarse o sentarse delante de la máquina de escribir es el único dilema."

Homo poeticus (Homo poeticus, 1983) 

Gracias a mi amiga Susy López pude recordar a este autor hace unos días, y completar la idea de este post. 

La explicación de por qué Danilo veía así al proceso creativo de la palabra puede deberse a lo que significó en su vida ver de cerca a la muerte y la pérdida. Ya que fue testigo de como asesinaban a buena parte de sus amigos cuando en 1941 tropas húngaras tomaron su ciudad natal, y sufrió la muerte de su padre y casi todos sus familiares en un campo de concentración, un par de años más tarde. 

Entonces allí está Danilo Kiš, frente al vacío con dos opciones, destruir todo o crear desde cero. Ya sabemos cuál eligió, para suerte de todos nosotros y de sus más fieles fans, aunque lamentablemente un cáncer de pulmón le quitara la vida con tan sólo 53 años.

 Aunque mi pequeña y humilde pluma está muy pero muy lejos de la de Danilo, no dejo de sentir una empatía, una conexión muy especial con su forma de ver al proceso de escribir como un último intento de crear un espacio distinto, de ver la moneda, y con la mirada hacerla girar.

La obra en español de este autor serbio se puede encontrar publicada por Acantilado http://www.acantilado.es/persona/danilo-kis/

 


martes, 6 de octubre de 2020

Normalicemos el sentido común

 

Estatua de Cicerón. Cuenta la historia que este filósofo y político romano participó en unos hechos en los que se vio obligado a confrontar al filósofo Catilina, se le atribuye en tal duelo el uso del "Seny" o sentido común en su máxima expresión. No será la única vez vinculado a este concepto, en su tercera paradoja hace un ejercicio abstracto sobre el mismo y la relación entre los pecados y las cosas bien hechas.   

El sentido común no es nada común

Voltaire


Si hacemos un análisis muy superficial de la historia del ser humano sobre este planeta nos daremos cuenta que nos hemos venido a menos. No hay que ser un gran experto para notar, que si bien la prodigiosa velocidad con que nuestro cerebro produce técnicas novedosas para manejar su entorno es un motor que no se estanca, no va al mismo ritmo nuestra relación emocional, reflexiva, y si se quiere filosófica con nuestro alrededor. Sensus communis significaba para los romanos, además de sentido común, humildad, sensibilidad. (Diccionario Filosófico, Torre de Babel) Un concepto que tenía un valor inconmensurable para ellos en su época, pero que en la actualidad se ha devaluado por completo. 

Es tal su depreciación, que cuando pensamos en sentido común recurrimos a Voltaire, y su célebre pero triste frase con la que comienza este post. Ya en la época del filósofo francés, mediados del Siglo XVIII, la palabra había perdido no sólo valor, sino significado.

¿Dónde hemos dejado el sentido común?

Mi primer apasionado acercamiento con el concepto no se lo debo a un gran hombre famoso o adinerado, más bien a un humilde vendedor de alfombras y ropa deportiva, que veía con estupor como profesionales con los que interactuaba estaban cruzando con facilidad el campo florido del ingenio hacia el desierto de la estupidez. 

En aquél momento cuando me citó por primera vez a Voltaire para referirse a un sin sentido, entendí que para nosotros el sentido común ahora "sólo significa el buen sentido; la razón tosca, sin pulir, primera noción de las cosas ordinarias, estado intermedio entre la estupidez y el ingenio".(Diccionario Filosófico, Torre de Babel) .

Si le hemos rebajado la concentración al concepto del sentido común es por algo. Es como cuando el niño no ha aprendido a gatear bien, y es imposible pedirle que camine de forma correcta. 

¿Dónde han quedado nuestras humildad y sensibilidad? 

Creo que hemos decidido encerrarlas porque en los procesos tan complejos que vivimos no hay tiempo para incluirles. Pero somos nosotros mismos los creadores de estos procesos. 

Lo extraordinario del sentido común es que hace que las cosas caigan por su propio peso. Cuando somos capaces de utilizarle en su máxima expresión, que incluye la definición romana, hace que las cosas que creamos encajen con nuestro entorno a la perfección, una perfección placentera, saludable, natural y bella. 

Si aplicáramos el tamiz del sentido común, más de la mitad de los gobernantes actuales del mundo deberían dejar sus puestos por no estar capacitados para el ejercicio de tal responsabilidad al ritmo en que la humanidad les necesita.

Igual pasa con otras situaciones y momentos de nuestra vida, en las que el sentido común sería una herramienta poderosa para clarificar que es lo que mejor conviene.

¿Crees que el sentido común te puede ser útil en tu vida?  


miércoles, 10 de junio de 2020

Apuntes sobre el racismo


Pintura de una familia de Brasil realizada por el retratista  
neoclásico Jean-Baptiste Debret (1768-1848) 

Hace algunos años tuve una alumna de origen portugués. Hermosamente muy portuguesa, de rasgos muy marcados, huesos muy fuertes, ojos profundamente grandes y una mirada honda. Labios pronunciados y una dentadura envidiable. Cabello castaño tostado del Mediterráneo. Pequeña de tamaño y con una voz muy aguda.

Sin duda que destacaba del promedio de sus compañeros con características físicas más típicas de las costas caribeñas y del Mar Caribe. Era como una exclamación entre tantas palabras similares.

Evidentemente, esperaba yo, como ustedes, que el nivel de mis alumnos universitarios les llevara a hacer descripciones similares de su compañera. Pero no sucedió, por el contrario la incomprensión de lo desconocido, el temor a lo diferente se apoderó del grupo.

Y apareció la oportunidad para los más inseguros de sí mismos. Señalarla a ella, y burlarse de sus diferencias parecía satisfacer una falsa seguridad de pertenencia e inclusión social “nosotros sí somos los mejores, somos iguales”.

Soporté dos y tres clases de lo mismo, mi alumna llorando, los otros disfrutando entre murmullos y risas. Hasta que me harté, e hice lo que creo que todos debemos hacer. Paré mi clase y dije “vamos a hablar sobre el racismo, y el respeto al otro”.

En seguida salieron los teóricos luchadores progresistas a decir “por qué es malo el racismo”, dejé que argumentaran todo. Y en un punto dado, les dije que todos eran bien racistas. La reacción fue reírse. Pero la risa duró poco, muy poco… Cuando se identificaron en las bestias que tan bien habían definido. ¡Racistas! Porque el racismo no es sólo de blancos hacia negros.  

El odio no acaba con el racismo

La violencia y el odio nunca son la solución para este tema. “Es una expresión social”, pues a mi parecer la peor. Justamente el racismo es un tipo de violencia que normalmente termina cobrándose la vida de un inocente. Apagar la violencia con más violencia siempre es una mala elección.

Al racismo se le apaga con educación.

Ocultarlo no acaba con el racismo

Increíblemente la moda entre los anti-racistas es borrar al racismo de cualquier lado, tirando estatuas del pasado. Prohibiendo cintas de cine, ocultando publicidad de épocas en que el racismo campeaba. 

Si al racismo se le oculta, el resultado inmediato es su reaparición, sin maldad aparente en un principio, como el ejemplo de mis alumnos. Pero que progresivamente va volviendo un infierno la vida de los afectados. Porque el racismo sobrevive en la ignorancia de conocerse a sí mismo. Cuando el racista se identifica, y entiende lo absurdo de su actuar, suele dejar de comportarse inmediatamente de esa manera.  

Borrar al racismo y al racista NO hará que esto desaparezca, sino más bien producirá más racismo a corto plazo, y sin tener ninguna herramienta a la mano para poderlo ejemplificar, e identificar.

¿Realmente estás luchando contra el racismo, o simplemente estás buscando una buena razón para seguir odiando?

lunes, 13 de abril de 2020

Lavarse las manos, bien, ¡muy bien!

Hermosa obra de Jan Lievens, "Pilato lavándose las manos", h.1625.

Índice o indicio

Ha pasado tiempo ya desde que publiqué mi último post. Y muchos me han preguntado ¿No hay nada que decir en estos tiempos de Pandemia, virus, frustración y pánico?, y yo respondo de forma inmediata: Dos cosas, lávate bien las manos y quédate en casa.

¿Nada más?- y ¿Qué más quieres?, no hay soluciones mágicas, esas sólo están en nuestra imaginación. Y mientras ideamos cómo vencer el caos, lo mejor es hacer lo que como especie, naturalmente sabemos hacer, refugiarnos.

A veces me río de aquellos que, antes de todo esto, levantaban la bandera de "volver a los orígenes" distorsionando el mensaje para criticar al Desarrollo. Bueno, ¿Qué mejor regreso que volver a nuestros instintos más primigenios?, < Comer, Dormir, Refugiarnos, Reproducirnos, y Crear >.

Es evidente que la respuesta no es volver a nuestros orígenes, sino construir un mejor mañana cada día, sabiendo de dónde venimos.

Lávate las manos

...(pero que tu mano izquierda no vea lo que hace la derecha. Mateo 6:3).

La mejor medida ante el virus es la de lavarse las manos, sin duda que todos somos expertos en esto, y si no, está el video que sale en las redes cada cinco segundos con la pintura negra y los guantes, y que nos enseña a cómo restregar nuestras palmas.

Pero hay algunos que se están volviendo expertos, o a lo mejor ya lo eran, en esto de lavarse las manos ante la adversidad.

"Yo me lavo las manos" "Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: 'Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis'". (Mateo 27:24).
Y no, no me refiero a los políticos. Ellos tienen todos (no importa el país, ni el año en que lea esto) una maestría en frotarse los dedos (ya sea por codicia, o por escapar del tumulto).

Me refiero a los de a pié. ¿Cómo?, seguro se estará preguntando. ¿Qué me vienes a decir? Sí, hay cientos o miles que se saben lavar muy bien las manos frente a la adversidad. Como aquellos que van en dos coches separados al mercado a comprar cerveza, se hablan en la cola de muchos que necesitan repostar alimentos en sus casas, dejan pasar a mayores "porque son prioridad",  pero luego salen sólo con cerveza y se suben a sus coches. Vamos, mejor lavada de manos, la de Pilato.

"Nadie se va a enterar si me monto "el picoteo" con el vecino en la terraza del edificio, total ni música tenemos. Y es que esto del confinamiento es << Inaguantable >>", No sé cómo medir lo inaguantable, pero en la escala, perder a un ser querido sano por un virus, sin poder despedirse, ni hablar con él antes de morir, entra en el tope. Y todo lo demás son excusas para... lavarse las manos.

"¿Qué hago con los críos en casa? (pregunta desde el minuto 0), ¡esto es inaguantable, dales las tablets!", y allí van los niños todo el día con la cara pegada a la tableta... No soy padre, espero serlo, pero cuando lo sea espero también estar 100% listo para disfrutar a plenitud de mis hijos y  tener un plan para que nunca sean una carga. El confinamiento es un tiempo de oro para disfrutarlos, y cualquier otra cosa es... lavarse las manos.

"Me metí en las redes sociales desde la mañana, y compartí cuánto link vi sobre el virus. TODO, hay que decirlo TODO, con eso ya he hecho bastante por todo esto". No hay mucho más que agregar, ¡denle la toalla!

"Vi a alguien salir de casa, y le grité con todo lo que podía. Soy la policía del barrio, alguien tiene que traer la ley y el orden. Y al médico ese del primero, ya le dejé un ultimatum, 48 hora para irse del pueblo". (splash, spalsh, splash).

Pero por un segundo, allí en el balcón, en la inmensidad de la ventana, en la plenitud del color marrón de la taza de café, hay una voz que te dice: "Sé que puedo hacer más en todo esto".

¿Y qué tal si dejamos de lavarnos las manos?- como Pilato.

 Y empezamos a escuchar nuestro propio silencio, a oír lo que pareciera no tener voz, nuestra casa, nuestro entorno. Y a encontrar ese lugar justo en el que seremos más útiles y felices, (como lo han hecho algunos futbolistas, que ahora cocinan).

El mejor ejemplo es el de los músicos. Ellos sí que saben escuchar y llevar los tiempos. Entienden que con su maestría pueden hacer lo que mejor saben hacer, poner música a la vida, darle poesía a la humanidad para enfrentar la calamidad. (Sí, como los del Titanic, ya, ya, ya...) No hay profesión más útil durante esta pandemia, después de los médicos, que los músicos.

No tenemos que hacer grandes cosas, yo por ejemplo hice hoy lo que creo que mejor se me da en mi poco tiempo libre, escribirte en este blog y dejar de lavarme las manos (sólo por esté post).

¿Quieres contarme tu historia?, ¿Se te ocurren más lavadas de manos? O entró en ti el alma "millennials" del resentimiento por mis alegatos. Adelante, ¡hablemos!