Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de febrero de 2025

Olvidar con el corazón


 

Se perdona mientras se ama. 

François de la Rochefoucauld


Comienzo este post con el célebre escritor y moralista francés del siglo XVII, que como casi todo moralista o costumbrista, ha sufrido la suerte de pasar al olvido, en unos tiempos donde los bulos, los zascas y lo impropio se impone.

Esta breve pero contundente frase pertenece a su colección de reflexiones y aforismos sobre la naturaleza humana, el amor y las relaciones interpersonales.

Hoy estaba oyendo un programa en televisión, y estaban entrevistando a unos abuelos sobre su nieta, y el entrevistador preguntó: "¿Y ella parece que no se portó muy bien con ustedes?" , a lo que el abuelo respondió con un gesto corporal, que fue inmediatamente controlado por la abuela con una mano, y una de las frases más hermosas que pueden existir: "Eso fue ya hace tanto tiempo, que no nos acordamos".

Olvidar con el corazón 

¿Qué cosas, no?, que esta frase se oponga tanto a aquella de "puedo perdonar, pero no olvidar". No existe una verdadera paz si el perdón no incluye al olvido. Pero al olvido que parte desde el corazón, desde la aceptación real de que se ha perdonado.

Aquella abuela no estaba evidenciando problemas de memoria, no es la frágil condición actual de su memoria, sino la fortaleza de sus años de experiencia la que estaba hablando. ¿Ya no te acuerdas porque has perdonado?, fue la pregunta que me faltó escucharle al entrevistador.

Recuerda, cada vez que creas que las personas que realmente te quieren no te van a perdonar, que lo imperdonable es alejarte, creyendo que ellos no serán capaces de olvidar con el corazón.


lunes, 13 de enero de 2025

Postal de Reyes en el siglo XXI


Imagen generada en Chat GPT a partir de mi narración.


"L'écriture est la peinture de la voix : plus elle est ressemblante, meilleure elle est" / "La escritura es la pintura de la voz: cuanto más se le parezca, mejor es". Francois Marie Arouet (Voltaire). (Extraído del artículo "écriture" del  dictionnaire de français Littré.)

No entendía esta cita de Voltaire hasta que me tocó vivirla hace unos días, tener esa capacidad de pintar mi voz a través de mis escritos, me resulta tan complejo, pero con este post lo vuelvo a intentar...

Este Día de Reyes cayó lunes, y yo el domingo me levanté bien temprano para ir a hacer cosas de un cuarentón que sale un domingo de casa antes de las 9 de la mañana. Caminando por una vereda del barrio me topé con una estampa digna de darle título a esta entrada, la que para mí es la Postal de Reyes del Siglo XXI.

Evidentemente, por protección de datos, no tomé foto alguna, pero  creo que la impronta que quedó en mi alma es de tal magnitud que puedo reproducirla sin necesidad de píxeles ni frames. Porque aquella imagen fue in crescendo en mi alma, anidándose y enraizándose. Creo que podré narrarla hasta que ya no me quede aliento.

El cuadro

Era un padre, estremadamente flaco, con una delgadez que no proviene de la salud sino de saber lo que es acostarse sin comer. Tenía un bluejeans o como dicen los españoles, unos vaqueros, que tenían goteos de pintura por todas partes en contraste con una descoloración propia del uso, no como un modelo de pasarela de última moda, sino como la remanencia de quién ha pasado horas pintando y ha sufrido el efecto de las sapilcaduras y las horas de trabajo. Pero aquél pantalón lucía asombrosamente entero, limpio, pulcro. Se combinaba con un suéter (pullover) tejido, unicolor, azul, que le cubría de los 14 grados matutinos, la lluvia ligera y el viento. De aquella imagen, la denotación de pobreza la constituía, como siempre e históricamente ha pasado, los zapatos. Unos tenis bastante desgastados, como mordidos por los fieros dientes del tiempo, pero igual de limpios que toda la muda.

De su mano iba una pequeña niña, de no más de 5 años, vestía un suéter rojo que le llegaba a la cintura, usaba unos pantalones blancos envejecidos por el uso y el tiempo, y unos tenis en las mismas condiciones de los de su padre.

La escena 
La cara del padre era la de un hombre sumido y consumido, por la angustia, los pesares y la realidad. Caminaba como si quisiera que alguien o algo se lo llevara, mirada perdida en el horizonte, pena en los hombros, dolor en el alma.

Todo cambió en ese hombre cuando la niña hizo un pequeño tirón de su mano, giró su cabeza y la bajó para verle, y en ese momento le hizo un gesto de aprobación. 

Giraron en la esquina del  café en el que yo iba a entrar, así que aproveché para terminar de hacer mi papel de espía de lo cotidiano, y me senté en una mesa de la terraza del café.

Entraron en una venta de barrio, popularmente conocida como "chinos" en España, por ser normalmente regentada por una pareja de asiáticos (que dan para otra postal). 

El padre salió con una bolsa de papel blanca en la mano en la que no llevaba a la niña, me pareció que apretaba aquello como si fuera una pertenencia de valor. Cosa que confirmé cuando la niña se lo pidió, y él accedió a darle el paquete. Aquella niña lo tomó como si fuera oro, como si sostuviera todo lo que podía desear tener en ese momento.

¿Qué sería aquello?- pensé- ¿Unas galletas?, ¿Un bizcocho?, ¿Algún juguete de plástico barato de aquél lugar?

Algo me impedía seguir pensando, era una lágrima que me corría por la mejilla, ¿Qué me estaba pasando?, no lo sé. 

A la par de aquella lágrima, se me formó un nudo en la garganta. Lo intenté pasar con zumo de naranja, no pude, y el café tampoco hizo efecto. Un nudo de 7 días, una atadura que palpitaba en mi garganta, y que deseaba salir.

¡Tienes que escribirlo!, 
- no puedo-. 
¿Por qué?, 
- no estoy a la altura de dejar plasmado aquello que me erizó la piel, que me retumbó en el alma-

No me resistí más, y hoy 13 de enero. Una fecha importante para mi, decidí plasmarlo aquí. Sin más valoraciones. Si quieren ustedes dejar sus comentarios, bienvenidos son...

Nota: Extraordinariamente Chat GPT me hizo la imagen muy similar a la que pude apreciar, pero no me transmite lo mismo que me hizo sentir la real


 


sábado, 20 de abril de 2024

Caminando hacia el fin de las relaciones de amistad

Foto de: cottonbro studio
 

Todo mi patrimonio son mis amigos. 

Emily Dickinson.


Mi abuelo nunca leyó a Dickinson, tener que trabajar desde que era adolescente no le permitió acceder al privilegio que nos permitió a todos los demás de la familia. Pero eso no lo detuvo para decirme, cuando tenía unos 14 años: "¿Tienes amigos?, cuídalos... los amigos son más importantes que el dinero, cuando yo no tenía dinero, tuve amigos que nunca me abandonaron".

Nunca pensé tenerle envidia a mi abuelo. Pero llegada a esta altura de mi vida, envidio las relaciones que logró construir con esfuerzo, dedicación, confianza y tesón.

Eran otros tiempos, los que él vivió, unos en el que acompañarse y crear lazos eran fundamentales para enfrentar al mundo. 

Luego de la Pandemia del Covid, todo el mundo se empeña, pese a las guerras, en tratar de recuperar su vida social, pero un nuevo informe publicado por el Survey Center on American Life revela un cambio profundo en la naturaleza de las amistades de los estadounidenses. 

"Uno de los cambios más importantes revelados por la Encuesta de Perspectivas Estadounidenses de mayo de 2021 es la disminución de las amistades cercanas. En las últimas tres décadas, los grupos de amistad estadounidenses se han vuelto más pequeños y el número de estadounidenses sin ningún confidente cercano ha aumentado marcadamente".

Y es un cambio que afecta más a los hombres que a las mujeres, "hace treinta años, la mayoría de los hombres (55%) informaron tener al menos seis amigos cercanos. En 2021, esa cifra se ha reducido a la mitad. Un poco más de uno de cada cuatro (27%) de los hombres tienen seis o más amigos cercanos en la actualidad. El 15% de los hombres no tiene ninguna amistad cercana, cinco veces más que en 1990".

En una sociedad que pregona el uso de la tecnología para conectarnos con otros, se está produciendo justo el efecto contrario, pero, ¿Por qué?

Una posibilidad mezcla dos tendencias de los últimos años, por un lado, la facilidad que nos está generando la tecnología para resolver practicamente todas las necesidades sin tener que depender de los demás, ya no es necesario tener amigos para conseguir resolver problemas cotidianos. Ni siquiera debemos conocer a alguien para preguntar por una dirección, ¡tenemos a Google Maps!

Po otra parte, está la forma cada vez más individual de las experiencias de entretenimiento y disfrute. Pasamos más tiempo recibiendo interacción con los aparatos y la tecnología que con las otras personas de carne y hueso. 

Esto ha afectado radicalmente las habilidades sociales de los más jóvenes, a quienes les cuesta hoy en día mucho más establecer relaciones, resolver conflictos con otros, y cualquier reto social, que entender sobre programación Inteligencia Artificial, o robótica.

Vemos a jóvenes que resuelven sus interacciones de una forma poco común, en especial a la hora de comunicarse, si se encuentran detrás de móviles u ordenadores se sienten sumamente en confianza, pero en cuanto entran en relaciones, cara a cara, suelen evitar las miradas, centrase en discursos tipo monólogos, y escuchar muy poco al otro, lo menos posible. 

Atrás van quedando las largas horas de charla en los porches, en las aceras, en coches, o parques, para ser sustituídas por chats, mensajes de audio, o streaming. 

Lamentablemente pareciera que el mismo hombre avanza sin pausa contra su propia naturaleza, la de ser social.

En este post:

Men’s Social Circles are Shrinking


   


miércoles, 14 de septiembre de 2022

El peor de los males, la muerte, no significa nada

Mis abuelos y Loreto


Mi casa en Caracas tenía una azotea que, cuando era pequeño, era común con mis abuelos y tíos. Ella tenía un muro verde que de altura me llegaba al pecho, y por encima del muro tenía unas vistas del maravilloso Ávila, y parte de mi barrio y mi ciudad.

Siempre había alguna herramienta útil para poder jugar, aunque juguetes nunca me faltaron. Pero yo me divertía con un tubo de papel, una brocha, un pedacito de tubo de metal, o cualquier cosa de la construcción de la casa que estaba por allí colocada. 

Imaginaba batallas titánicas en las que participaba. Sin saber que la lucha ya había comenzado el día en que nací.

Miraba mi cielo azul clarito con las nubes blancas, y esos colores que sólo tienen los cielos caraqueños, y como de pronto se derretía el azul ante los bordes imponentes de la montaña madre, de ella a mi casa venían siempre invitados: monos, cacatúas, búhos, murciélagos, loros. 

Era feliz, con esa felicidad que sólo se tiene una vez, porque no te cuesta nada; simplemente eres feliz sin tener que hacer nada para conseguirlo. 

Al girar, miraba a mi abuelo en su rincón trabajando sin parar, metiendo y sacando manteles de las 3 lavadoras que tenía, un sistema creado por él y mi abuela para poder lavar las fundas de las mesas de las agencias de festejos. Allí estaba, siempre riendo, siempre en calma, siempre fumando y diciéndome "Sauki, ¿Qué estás haciendo?, no te pongas a inventar, inventor".

A sus pies estaba Sultán, uno de nuestros amados perritos, negro como el azabache y adorable, no dejaba de venir a darnos amor, a jugar, siempre a nuestro lado.

Mientras, mi abuela planchaba cientos y cientos de manteles, no importa el tamaño o lo arrugado, aquellos manteles siempre quedaban lisos y listos. Y lo hacía con un cariño, a la par de planchar, contaba y anotaba, y jugaba con todos sus nietos. Vale decir, que mi abuela nunca aprendió a leer ni a escribir en una escuela.

Aunque era un niño, a veces, en aquella azotea, rodeado de tanta alegría pensaba en el día que la vida girara, no sé por qué ni de dónde me venían esas ideas, pero le oraba a Dios para que me alargara aquellas tardes...

¡Que tonto fui!, si hubiera aprovechado cada rato de reflexión para ganar más tiempo de ese momento. Porque el día que tanto temía llegó ese 18 de septiembre de hace 9 años, cuando mi abuelo partió de este mundo. 

Fue tan rápido, y en un momento tan difícil, que no pude despedirme de él. Mi madre sí pudo tomar su mano, pero yo ni siquiera pude verle.

Aún así, y aunque lloré mucho, no sentí que lo perdiera. Como un río que viene de frente, empezaron a llegar a mi cabeza todos los recuerdos, todas las conversas, las idas a por pan, los ratos de comer "pan con refresco", lo bien que la pasaba con su loro "Loreto". 

Ya no veía a mi abuelo en las comidas familiares, o en la cocina, o bajando los manteles de su camioneta, pero mi abuelo no había desaparecido, no del todo. Estaba en mi, estaba allí.

“El peor de los males, la muerte, no significa nada porque si somos, la muerte no es; si la muerte es, no somos.” Epicuro (341-270 a.C.), Carta a Meneceo.





martes, 1 de diciembre de 2020

Podcast: Solos frente al peligro - Primer Episodio: La Bondad



Hola, estrenamos esto de los podcast. Espero que lo disfruten, y que dejen sus comentarios en el blog 👀

En este audio:

Las canciones de fondo son de:

You + Me de JakeBCMusic @jakebcmusic en Instagram

I Saw a Ghost Last Night de Leonell Cassio

El tema musical es:

Neil Moliner - Mi Religión https://www.youtube.com/watch?v=fUN_G-zeJB8


lunes, 13 de abril de 2020

Lavarse las manos, bien, ¡muy bien!

Hermosa obra de Jan Lievens, "Pilato lavándose las manos", h.1625.

Índice o indicio

Ha pasado tiempo ya desde que publiqué mi último post. Y muchos me han preguntado ¿No hay nada que decir en estos tiempos de Pandemia, virus, frustración y pánico?, y yo respondo de forma inmediata: Dos cosas, lávate bien las manos y quédate en casa.

¿Nada más?- y ¿Qué más quieres?, no hay soluciones mágicas, esas sólo están en nuestra imaginación. Y mientras ideamos cómo vencer el caos, lo mejor es hacer lo que como especie, naturalmente sabemos hacer, refugiarnos.

A veces me río de aquellos que, antes de todo esto, levantaban la bandera de "volver a los orígenes" distorsionando el mensaje para criticar al Desarrollo. Bueno, ¿Qué mejor regreso que volver a nuestros instintos más primigenios?, < Comer, Dormir, Refugiarnos, Reproducirnos, y Crear >.

Es evidente que la respuesta no es volver a nuestros orígenes, sino construir un mejor mañana cada día, sabiendo de dónde venimos.

Lávate las manos

...(pero que tu mano izquierda no vea lo que hace la derecha. Mateo 6:3).

La mejor medida ante el virus es la de lavarse las manos, sin duda que todos somos expertos en esto, y si no, está el video que sale en las redes cada cinco segundos con la pintura negra y los guantes, y que nos enseña a cómo restregar nuestras palmas.

Pero hay algunos que se están volviendo expertos, o a lo mejor ya lo eran, en esto de lavarse las manos ante la adversidad.

"Yo me lavo las manos" "Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: 'Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis'". (Mateo 27:24).
Y no, no me refiero a los políticos. Ellos tienen todos (no importa el país, ni el año en que lea esto) una maestría en frotarse los dedos (ya sea por codicia, o por escapar del tumulto).

Me refiero a los de a pié. ¿Cómo?, seguro se estará preguntando. ¿Qué me vienes a decir? Sí, hay cientos o miles que se saben lavar muy bien las manos frente a la adversidad. Como aquellos que van en dos coches separados al mercado a comprar cerveza, se hablan en la cola de muchos que necesitan repostar alimentos en sus casas, dejan pasar a mayores "porque son prioridad",  pero luego salen sólo con cerveza y se suben a sus coches. Vamos, mejor lavada de manos, la de Pilato.

"Nadie se va a enterar si me monto "el picoteo" con el vecino en la terraza del edificio, total ni música tenemos. Y es que esto del confinamiento es << Inaguantable >>", No sé cómo medir lo inaguantable, pero en la escala, perder a un ser querido sano por un virus, sin poder despedirse, ni hablar con él antes de morir, entra en el tope. Y todo lo demás son excusas para... lavarse las manos.

"¿Qué hago con los críos en casa? (pregunta desde el minuto 0), ¡esto es inaguantable, dales las tablets!", y allí van los niños todo el día con la cara pegada a la tableta... No soy padre, espero serlo, pero cuando lo sea espero también estar 100% listo para disfrutar a plenitud de mis hijos y  tener un plan para que nunca sean una carga. El confinamiento es un tiempo de oro para disfrutarlos, y cualquier otra cosa es... lavarse las manos.

"Me metí en las redes sociales desde la mañana, y compartí cuánto link vi sobre el virus. TODO, hay que decirlo TODO, con eso ya he hecho bastante por todo esto". No hay mucho más que agregar, ¡denle la toalla!

"Vi a alguien salir de casa, y le grité con todo lo que podía. Soy la policía del barrio, alguien tiene que traer la ley y el orden. Y al médico ese del primero, ya le dejé un ultimatum, 48 hora para irse del pueblo". (splash, spalsh, splash).

Pero por un segundo, allí en el balcón, en la inmensidad de la ventana, en la plenitud del color marrón de la taza de café, hay una voz que te dice: "Sé que puedo hacer más en todo esto".

¿Y qué tal si dejamos de lavarnos las manos?- como Pilato.

 Y empezamos a escuchar nuestro propio silencio, a oír lo que pareciera no tener voz, nuestra casa, nuestro entorno. Y a encontrar ese lugar justo en el que seremos más útiles y felices, (como lo han hecho algunos futbolistas, que ahora cocinan).

El mejor ejemplo es el de los músicos. Ellos sí que saben escuchar y llevar los tiempos. Entienden que con su maestría pueden hacer lo que mejor saben hacer, poner música a la vida, darle poesía a la humanidad para enfrentar la calamidad. (Sí, como los del Titanic, ya, ya, ya...) No hay profesión más útil durante esta pandemia, después de los médicos, que los músicos.

No tenemos que hacer grandes cosas, yo por ejemplo hice hoy lo que creo que mejor se me da en mi poco tiempo libre, escribirte en este blog y dejar de lavarme las manos (sólo por esté post).

¿Quieres contarme tu historia?, ¿Se te ocurren más lavadas de manos? O entró en ti el alma "millennials" del resentimiento por mis alegatos. Adelante, ¡hablemos!









miércoles, 28 de noviembre de 2018

¿Ser mejores personas?


El título del post no tiene un error, está formulado como una pregunta y no como una afirmación. Porque a veces caemos en la trampa de pensar que ya no podemos ser mejores. Que lo estamos dando todo, al 100%, y que hacemos las cosas bien.

La afirmación imperativa es una tentación en estos tiempos, ¡debemos ser mejores personas!, pero realmente para movernos hacia lograrlo es mejor partir de la pregunta ¿debemos ser mejores personas?...

Seguramente, como a mi, te pasarán infinidades de respuestas de todas esas cosas que hacemos bien, pero que podemos hacer mejor, ¡mucho mejor!

viernes, 16 de marzo de 2018

Reflexiones post febriles




Ayer caí en una fiebre desesperada y roñosa, una temperatura elevada en el corazón. La bacteria del TBT, de traer cosas del pasado, atacó sin piedad mi alma, para que reflexionara, hiciera ese ejercicio pérfido de pensar, que tanto ha costado a varios hombres en la historia.

Del pasado me traje al presente mi vida no tan reciente, esa de cuando era un joven recién graduado de la universidad de los jesuitas en Venezuela. De cuando mi padre a duras penas me daba el empujón a las 6 de la mañana en su viejo Chevrolet, porque perdía el aventón de alguna de mis amistades. Y mientras rodábamos por la autopista Francisco Fajardo, veía inerte, el cúmulo de ladrillos rojos cargados de pobreza.

Hacía tiempo que yo sabía que tanto olvido, tanto desprecio, tantos deseos de que no existiera esta parte de la ciudad, del país, le iba a terminar pasando cuenta a todos. Mi mirada nunca pudo, ni podrá, estar lejos de los que menos tienen. Y saber que, de una u otra forma, de esa masa de ladrillos caraqueños saldría una respuesta, era sólo cuestión de tiempo esperarla.

Yo pensé que saldría algo mejor, creí que la pobreza permitía la redención, y que el odio incubado en el alma de los que eran mis iguales hacia esa gente que afeaba a la Caracas pujante, era sólo posible de este lado.

Pero no era así, que tamaño de rencor se puede gestar en la mente del que nada tiene, ni teme. Este odio sólo parió engendros, deformidades que llevan en sus dobladas jorobas sacos llenos de miseria y penuria. Ideas bárbaras llenas de resentimiento.

Hoy caminan miles, millones, por las calles de Venezuela y el mundo, cargando con la culpa de parir esas criaturas y darles rienda suelta, como demonios en un jardín virginal.

Pero no fueron ellas, realmente la penuria fue la que nos venció. Aprendimos a vivir bajo el agua durante más de una década. Ahogados por la demagogia y el palabrerío atado al pasado, pero sin un futuro sólido. Pero aprender conlleva acostumbrarse.  

Nos graduamos con honores en una carrera contra nosotros mismos, sacamos postgrados en desconfianza. En el mundo tenemos tarjeta de presentación. ¡Ser venezolano es muy arrecho!

Tan poco conocido es el concepto de arrecho para el resto de mundo, como lo es todo lo que pasamos. Lo que nos ha redefinido estos últimos 20 años.
              
De joven siempre soñaba con el momento en que podría pisar la tierra de mis padres y mis abuelos. Sus historias me invitaban a cerrar un círculo que se había abierto por hambre, deseos de saciar el estómago y el alma, los hizo montarse en un barco y salir de su comodidad, para no querer volver a ella.

Yo quería decir gracias, conocer el suelo que les vio nacer y que se nos era transmitido en cada tradición, cada canción con timple, cada mojito con papas y gofio.

Nunca imaginé que me tocaría repetir su historia, pero con el aderezo de tener dos nacionalidades y no poder sentirme parte por completo de ninguna de las dos. Porque la nacionalidad no es solamente un derecho, es un sentimiento. Y una de ellas tiene demasiados recuerdos amargos, y la otra es aún muy ajena como para poder quererla.

¡Qué cantidad de cosas sacamos en las maletas!, la carrera y los putos 20 kilos no permitieron que todo lo que nos definía cupiera, pero hay espacios infinitos, lugares secretos en los que embojotamos sentimientos y recuerdos, como cuando nos caía el aguacero de golpe en Caracas, y salíamos corriendo a hacer una bola de ropa con lo que había en la cuerda, para que no se mojara. Una maraña de tela que aprieta fuerte el pecho, y que tardará años en desatarse.

Entre lo que sacamos estoy seguro que hay más de una historia muy personal de traición. De la cual hemos aprendido el valor de ser fieles, no con otros sino con nosotros mismos. Porque el que traiciona da asco, no por hacerle daño al otro, sino por desvirtuar lo que es él mismo, llevarse por el medio todo lo que expresó que quería, todo lo que le dio valor, y por ende sentido.

Sí, traicionar a otro es un sinsentido. A la par aprendimos a ser desconfiados, porque venimos entrenados para que nadie nos sorprenda, esperar nada de nadie suele ser mejor, y menos doloroso.

La fiebre no me baja después de 24 horas, sigo sudando por el calor del dolor y la tristeza de ver que el mundo se mueve a rincones más injustos cada día. Que el sentido común y el uso de la razón pierden terreno a tajadas por los sádicos mordiscos del populismo más salvaje y auténtico.

Ese mismo populismo que nos mordió la vida y la arrancó de tajo hace más de una década. Que mató a unos pocos, y que permitió que sus supervivientes tengan hoy una marca indeleble de haberle sobrevivido con inteligencia, con audacia. Con un “No compatriota, ¿cómo cree que me iría del país?” al Guardia Nacional en el aeropuerto, mientras los intestinos se revolvían entre querer vomitarle todo lo que pensabas y el miedo de que te retuvieran lo suficiente como para que tu única salida se elevara en el aire, y te condenaras a una prisión de más de 916 mil kilómetros cuadrados, y millones de historias depresivas.

Un segundo para suspirar, en el suspiro darle la vuelta en fotogramas a todo lo que conociste y que nunca volverá a ser igual. Una inflexión que sirva como un punto y aparte en tu historia personal.

La fiebre baja, pero no pasa.     

jueves, 1 de junio de 2017

¿Por qué Frodo vuelve a la Comarca?: Para un inmigrante casi nunca hay vuelta atrás

La Comarca

Es tal vez la historia de J.R.R Tolkien que más popularidad tiene en la actualidad, la aventura del pequeño mediano que sale a cambiar el mundo con su mínima y frágil figura de antihéroe nos invita a reflexionar de diferentes formas, cuando ya se acerca a sus 80 años de haber comenzado a ser escrita.

Hoy quiero dedicarme a pensar y compartir con ustedes esa visión del Frodo que emigra.

Frodo es un inmigrante  

Tal vez nunca se han detenido a pensar en esta idea, pero Frodo es un inmigrante visto desde el reino de los Peredhil. Y no un inmigrante cualquiera, fue balsero, indocumentado, tratado como clandestino con un ingreso no previsto, pero con la protección que le daba el siempre buen Gandalf bajo el pretexto de la adversidad.

Pero Frodo siempre fue un inmigrante. Un ajeno a las normas de los Elfos, de los Humanos, de los Enanos o los mismos primos grises Sindar de Elrond. Pero un inmigrante aún más extraño. Porque todos los demás son comunes a verse. Es frecuente que se encuentren, pero Frodo y su escolta llaman la atención porque no son habituales.

De toda la trama de J.R.R Tolkien, creo que lo más fantástico es que Frodo regrese a la Comarca como si nada. ¿Por qué tenía necesidad Tolkien de hacer regresar a Frodo a su vida normal? Sin duda está explicado en el contexto de su historia como hombre.

Para los que hemos emigrado por distintas razones, que Frodo regrese es de alguna forma un alivio y una necesidad satisfecha, implica que la vida que siempre amamos está allí esperándonos. Cuando la realidad, que pareciera estar escrita por un Trasgo, siempre nos demuestra que no es así. Que aquellos que recordamos y anhelamos como nuestro pasado más hermoso, lo que nos formó y nos dio oportunidad de tener conciencia y de ser, dejó de existir, o se transformó de tal manera que se distorsionó, y probablemente para siempre.

Por más anillos que llevemos al mismo fondo de Orodruin, tenemos más oportunidad de volvernos un Golum de mirada dispersa y comportamiento obsesivo que ser un impecable y sereno Bilbo en el momento de su retiro si no somos capaces de superar el duelo del que formamos parte.

Saludos, amigos de la Comarca.

lunes, 30 de enero de 2017

Sobre la pertenencia

Arepa con chorizo colombiano de El Arepazo

He estado leyendo a Luis Racionero, su libro “Concordia o discordia” llegó a mis manos gracias a Albert Pérez Novell. Y a mí que me encanta leer, y que me recomienden lecturas, me dispuse y no tardé en tragarme por los ojos sus letras.

No hay nada de veneno en este libro aunque para algún andaluz de mucha fe y poca crítica podría ser muy pesado, es una explicación racional desde la teoría de sistemas de por qué surgen los nacionalismos, y de refilón, por qué España y Cataluña llevan esta suerte de relación de amantes mal queridos.

Este post no es sobre nacionalismo, no vincula a Venezuela, ni a Cataluña, ni a España (momento de que abandonen la página 486.000 apasionados del teclado). Este post va de la vida, del hombre, y de la reflexión de este lector mientras leía a Racionero.

No me meto con el tema catalán, porque es tan complejo, que aunque llevo ya un año y un poco más entrevistando a partes y partes, leyendo y tratando de comprenderlo, aún me siento incapaz de opinar sobre él, ni siquiera de conversar sobre el tema.

Aunque la explicación de Racionero sobre la teoría de sistemas aplicada a la realidad política catalana es para reflexionar, yo me perdí en los pensamientos que guardan referencia a la pertenencia. Esa necesidad humana de tener raíces.

¿Mis raíces?
Como explica el autor, esas raíces pueden provenir de la familia, pero existen en última instancia las que llegan por el terruño, por la nación. En una confrontación constante en la persona se encuentran, por un lado su visión cosmopolita del mundo (solidaridad) y por el otro su nacionalismo (pertenencia).

Comencé a cuestionarme ¿No tengo raíces nacionales?, ¿Cuáles son mis raíces nacionales?, ¿Por qué cuando pienso en mis raíces, sólo pienso en mi familia?

Haciendo mi descripción en frío, soy venezolano hijo de inmigrantes españoles, nací en mi bella Caracas, no olvido a mi cerro Ávila, que tanto visité y en sus quebradas (las limpias) me bañé. Soy de comer arepas con frecuencia interdiaria, soy gentil, amable y atento, de buen humor como la mayoría de los venezolanos.

Pero no tengo sentimientos radicales nacionalistas, estoy seguro que frente a otros criollos patriotas pecho rajao yo quedaría como un apátrida, y no me molesta. No sé si se lo debo a ser hijo de emigrantes, pero desde que nací siempre supe que pertenecer radicalmente a Venezuela me impedía, por exclusión del sentimiento, pertenecer al mundo. ¿Por qué debo yo amar más Caracas que a Barcelona?

Saldría algún valiente opinador “Es que Caracas te dio todo, ingrato!!”… ¿Caracas me dio todo?, ¿es que sólo por pertenecer a un terruño ya tenemos todo ganado?, la historia de mi familia me hace entender que no. Quien no trabaja, se aferra a la familia, y prospera para proveerse todo, no recibe nada. Caracas, como Barcelona, o Londres son solo espacios para que, quien se esfuerza, reciba lo que merece. Y en ellas estamos de paso.

Nacionalismo y egoísmo
Entonces sigo en los párrafos de Racionero, perdido sobre la pertenencia, y logro anclar ese concepto con el del egoísmo. Porque cuando pertenezco a algo también me pertenece, se vuelve mío, y por exclusión de nadie más, salvo que sea igual a mí. Mi oficina, mi carro, mi casa, mi parque, mi playa, mi ola, mi dinero, mis estudios, mi título, mi vida.

Comprendo entonces a cierto tipo de pertenencia en un nivel de egoísmo, y a este egoísmo como elemento fundamental del nacionalismo radical. “¡Toda esa montaña es mía, como las arepas, el sol, la playa, los cocos, el bienmesabe, la hallaca, me pertenece, nos fundimos (como el queso blanco a la masa)!”

El hombre moderno pareciera que necesita pertenecer para ser, a un club de fútbol, a un grupo de aficionados, a un partido político, a una nacionalidad, a una causa: “Hacer América grande de nuevo”. 

Ser más amplio
Pero entonces pienso en mí, y no sé si entre los que me leen habrán más como yo, que pertenezco al vientre de mi mamá, y a las piernas de mi abuela, a la silla de madera hecha por mi abuelo, al colador de café hecho de tela y guindado de un clavo, soy de allí.

Tengo nostalgia por Caracas, porque en ella crecí y viví, pero el sentimiento es exactamente igual que el anhelo que tengo de conocer Atenas, o visitar New York. Porque no pertenezco a un rincón, a un pedazo, soy del mundo, y el mundo es mi hogar.

Esa extraña forma de ser más amplio me lleva a ponerle escalibada o sobrasada a una arepa. Ver entre Barcelona y Caracas coincidencias. Sentir que edificios de La Candelaria se parecen a algunos en Trinitat Vella. Y así.

Paso páginas de Racionero y pienso en mis amigos criollos pecho patriota, y encuentro entre ellos un elemento común. Están aislados, encerrados hasta donde rompe la ola contra la arena.
Ese aislamiento, consecuencia del más radical nacionalismo, limita y castra. Y a su vez impide que las personas comprendan la realidad de lo que viven.

Mis amigos, están atados a su propio sentido aumentado de pertenencia.

Global y local
Como ellos, hoy el mundo pareciera encerrarse por miedo, en sentimientos nacionalistas, porque los problemas de otros son muy difíciles, como lo que ocurre en Siria o en Corea, y “es mejor quedarse en la Comarca y no salir a explorar, Frodo!!”.

El mismo maestro J.R.R. Tolkien en su obra nos hace una exaltación de la solidaridad entre las diferencias para vencer a males mayores. Ante grandes dificultades es natural querer encerrarnos y abrazar nuestros nacionalismos, por temor, por ira. Pero es lo peor que nos podemos hacer en la vida. Aislarnos.

Entiendo a aquellos que se aferran al nacionalismo, los comprendo bien, pero no veo útil esta vía. No creo que sea un buen camino para atender lo que nos exige nuestra evolución como especie sobre este Planeta. Pienso que resta mucho más que sumar.

Creo que de nuestro terruño lo que debemos llevar al mundo es nuestra forma de entenderlo y particularidades para compartir, como decía mi querido profesor Cristóbal Guerra, no hay nada más global que lo local. ¡No hay nada más sabroso que una arepa con sobrasada! 

Nota al margen 
Tardé por lo menos 2 semanas en publicar este post. Estaba en un debate entre si lo que publicaba aquí era producto de un momento en mi proceso personal o era un encuentro en una especie de laguna de varios afluentes de pensamientos. Terminó de decidirme subirlo la última foto del ala de un avión que partió de Maiquetía rumbo a lo desconocido para 5 amigos.

De todas estas experiencias de vida, algo bueno tiene que resultar. 


       
 
     
 



sábado, 9 de enero de 2016

Mi botiquín de primeros auxilios emocional

Botiquín de primeros auxilios emocional

No les he hablado sobre mi botiquín de primeros auxilios emocional. Y creo que es buen momento para hacerlo.

Hace unos meses decidí emprender un viaje, dejé mi zona de confort y abandoné mi casa, mi calle, mi barrio, mi país, mi continente, y me vine a nuevas tierras, a probar suerte.

Como todo aventurero, he tenido días duros y nobles, todos con aprendizajes muy valiosos. En los días más complejos recurro a parte de mi botiquín de primeros auxilios emocional.

Al igual que cuando nos herimos contamos con un pequeño estuche con elementos de emergencia para detener el dolor, el sangrado, cubrir una herida y desinfectar. Yo tengo uno pero para las heridas del alma.

Son muchas las heridas que en una aventura se pueden producir. En tu cabeza y en tu corazón pueden abrirse y comenzar a doler, sangrar y hasta infectarse de muy malas energías.

Recuerda, eres los pensamientos que siembras, si en tu mente cultivas ideas negativas serás un nudo de problemas, si siembras en positivo recogerás tesoros valiosos.

Para curar mis heridas este botiquín de primeros auxilios emocional está compuesto por varios elementos. Primero una camisa de mi esposa con su perfume, que me recuerda la razón principal por la que lucho, mi familia. Segundo un buen dísco de Fito Páez, una conexión musical con mis mejores momentos de vida en Caracas, Tercero mis acuarelas y papel para pintar. Cuarto, un paquete de cinco libros que NUNCA conseguiría en Barcelona (editoriales venezolanas).  Quinto, foto de cada uno de mis maestros de vida, esas personas que ya no están vivas y a las que puedes hablarle a las fotos. Sexto, cinco cartas de personas a las que le cambiaste la vida y te agradecieron. Séptimo, unos collares regalados. Octavo, las tarjetitas de santos que me regaló mi abuela, mi cuñada, y mi mamá. Noveno, una foto de mi familia. Décimo, un detalle que me recuerda cada viaje que he hecho dentro de Venezuela y fuera. Onceavo, una insignia de mis equipos deportivos, aquellos por los que grité con furor.

Este botiquín lo puedes armar tu con ajustes a tu medida, pero lo importante es que siempre te cure. Tal cual como lo hace el que usas para el cuerpo.

Recuerda, en las emergencias, incluyendo las emocionales, es mejor siempre estar preparado.

¡Hasta una próxima oportunidad!  

domingo, 16 de agosto de 2015

Ahorro voluntario a través de 10 consejos útiles



Ahorrar es un concepto complejo que a algunas personas les da pesadez y ansiedad, porque justamente está relacionado con el futuro, y representa un sacrificio en el presente.

Existen una serie de mitos o excusas mentales para no ahorrar, a continuación nombro 10 de ellas:

Excusas para evitar el ahorro

  • Necesito comprar eso que tanto deseo, me hace falta. (Y hasta ahora vives sin él)
  • Me merezco ese regalito, nunca me compro nada (una y otra vez hasta el infinito)
  • Tengo todo bajo control, llegaremos bien a fin de mes
  • Con esto puedo llegar a hacer, construir, me sirve para... (sin planificación probablemente termine depositado en el olvido)
  • Es una cosa extra fuera de lo que tenía previsto, qué tanto puede afectar...
  • Yo invito
  • Ahorrar es imposible, hay que darse buena vida
  • ¿Para qué ahorro? cuando muera se quedarán con lo que hice
  • El ahorro es para que se aprovechen los bancos
  • El mes que viene me organizo mejor y comienzo a ahorrar

Desmontando los mitos del ahorro

Vamos a ir uno por uno, usted no necesita nada de forma vital más de lo que en este momento tiene, de ser así debería estar corriendo a buscarlo y no leyendo esto. Si usted quiere algo porque le gusta y no por necesidad, o porque lo necesita a un mediano plazo para una idea, usted debe planificarse.

Ejemplo: "necesito un gps, con el voy a poder entregar mi mercancía a tiempo a los clientes". Hasta ahora has entregado tus mercancías sin problemas, el gps es algo que puedes comprar de forma planificada. 

Las gratificaciones personales son importantes porque nos motivan, pero sólo se deben dar luego de haber hecho un gran esfuerzo, si ahorras 100% puedes darte un regalo de un 20%.

Para tener las cosas bajo control se necesita tener un plan, y en ese plan debe estar incluido el item de ahorro.

El hombre es capaz de usar cualquier cosa a su favor, así que en vez de buscar cosas, busque un plan y por añadidura llegarán las cosas que debe utilizar en él.

Cualquier cosa fuera de este plan es despilfarro, usted está derramando el agua en pleno desierto.

Si usted siempre invita, ¿Quién tiene la oportunidad de demostrarle que quiere invitarlo?, deje que otros paguen cuentas, que demuestren su afecto y se responsabilicen por cosas.

Una mejor vida pasa por el ahorro, con suerte usted no morirá mañana, y lo que si va a necesitar es lo ahorrado, sea dinero o material. Ahorre para mañana, no vea al banco como un enemigo, trátelo como un socio muy vivo del cual debe cuidarse pero que necesita para ahorrar. No hay manera de saber cuándo usted dejará la tierra, pero si hay forma de saber cómo la dejará.

Por último, no deje para después lo que por su juventud, capacidad e inteligencia puede comenzar a hacer luego de terminar de leer este artículo. No crea que quien lo escribió es el gurú del ahorro, por el contrario, es el rey del despilfarro y descubrió que necesita, al igual que usted, comenzar a hacer lo que ha dejado escapar todos estos años. 

¡Comience de una vez!

viernes, 28 de marzo de 2014

Una abuela ejemplar



Vas flotando por Instagram en búsqueda de cosas agradables e inspiradoras sobre que postear y de repente te encuentras con la historia de Betty.


Betty es la graciosa abuelita de Zach Belden, un joven de Louisville, Kentucky, que tiene una estrecha relación con ella.

La abuelita divertida tiene una cuenta en Instagram donde Zack sube todos sus videos y fotos, su usuario es @grandmabetty33

Claro subir fotos y videos de tu abuela de 80 años podría considerarse un abuso, pero el caso es que Zach lo hace porque su abuela fue diagnosticada con cáncer de pulmón, una noticia difícil de asumir para la familia.

El joven decidió guardar para él, y todos los suyos, fotos y videos de su abuela en sus momentos más geniales. Lo que al principio comenzó como una iniciativa familiar hoy recoge el interés de más de 460 mil seguidores.

Ahora la abuela, quien es una divertida luchadora contra una enfermedad difícil de afrontar, revisa el Instagram con su nieto, comparte inquietudes y lee mensajes de apoyo que recibe.

Se ha tomado fotos, videos, y ha tomado carteles con mensajes muy positivos. Ella a través de la red social ha sensibilizado a la gente, en especial sobre la actitud que se puede asumir cuando el panorama no pinta alentador.


Es tal la admiración y adoración que despierta la abuelita, que una agencia de diseño le ha regalado su propio logo, producto de los gestos que suele hacer en sus fotos.

Todo un ejemplo de filosofía de vida y de lucha.

jueves, 20 de marzo de 2014

Adopta un Libro para que en tu comunidad existan #MásLibrosMenosBalas

Los amigos de Adopta Un Libro vuelven a lanzar su campaña este año con la etiqueta ‪#‎MásLibrosMenosBalas‬ es sencillo y gratificante participar en esta iniciativa. Este año tengo casi una maleta de libros para dejar abandonados ¡Súmate!

Acá te dejo un esquema de lo que debes hacer con aquellos libros que quieras abandonar. Recuerda es la oportunidad para que otro lea aquél libro que tanto te impresionó y que crees que debes compartir por el bien de tu comunidad y la humanidad.



¡Anímate!

martes, 18 de marzo de 2014

El arte del desprendimiento

Foto galería de la gente con sus posesiones. Autor: Huang Qingjun.


Hoy llegué a comprar una empanada (pastel) y pedí de carne molida - un señor que seguía en la cola pidió una igual y le dijeron "ya no quedan", el señor preguntó si no salían más, ya que no podía comer queso, entonces no tardé en decirle a la señora "dele la mía de carne molida y póngame de queso"... fue medio minuto de silencio muy largo, el señor me miraba atónito y cuando pudo hablar sólo alcanzó a decir: "no tienes por qué molestarte, gracias", le dije: "para mi no es molestia". 

Gula de los sentidos

Estamos amarrados a uno de nuestros peores pecados, el de la gula. No por la comida, sino por satisfacer a nuestros insaciables sentidos con cosas y más cosas. Bajo el principio de "todo debe ser mío, lo merezco".

Hay aún más valientes entre los arriesgados a justificar esta gula perversa, que se atreven a decir que es una ley del Universo el hecho de merecer todo por ser los hijos predilectos de Dios en su creación. Algunos se inspiran en una mala revisión de los fundamentos del Thao ó de Leyes Universales como la de la atracción.

Realmente no entendemos los hilos que mueven el Universo, para suerte de éste, esa incomprensión nos aproxima de forma errada a él y los beneficios de estar contenidos en su jarra infinita.

No nos merecemos todo

Es mentira, NO nos merecemos todo, aunque seamos la creación predilecta de Dios, porque nos hizo con voluntad y amor, no nos da mérito para apoderarnos de todo. Realmente no somos dueños de nada.

Les coloco el siguiente ejemplo: Luis TIENE carro, casa, muebles caros, su PS4, dos PC y Wifi,  esposa, un hijo y un perro. Sería una lista que pudiéramos hacer, y que como el fotógrafo dueño de la imagen de este post, podríamos atrevernos a fotografiar con exactitud.

Realmente nada de lo que Luis enumera como suyo, lo es. Cuando Luis muera el que creía que era su carro, pasará a ser de otro, su casa será vendida, alquilada o demolida. Sus caros muebles serán reconvertidos en otros o pasarán a un basurero. Su PS4 seguramente será obsoleto y estará en la basura. Sus PC las habrán usado sus hijos, en el mejor caso, y luego terminarán desarmadas o como desperdicio. Su esposa, al ser vista como una posesión, de seguro que duraría muy poco con él, y más por el miedo que por decisión propia. Su hijo seguro crecerá, se irá de casa y fundará su hogar, siguiendo el ejemplo de su padre, abandonándolo para conseguir sus propias cosas. Al final del camino tal vez el perro de Luis, su verdadero buen amigo, le lloré en su ausencia y muera de tristeza a su lado, si no es regalado o dejado en el abandono.

Esta pequeña historia revela que no somos dueños de absolutamente nada en el Universo, más que de nuestra propia alma y voluntad. Y es allí donde radica el secreto de todo.

Nuestra voluntad y alma nos permiten expresarnos en el mundo, y ver y hacer la vida de una forma. Cuando nuestra alma lucha con su voluntad por algo, cualquier cosa que se desee, el Universo premia ese sacrificio con la obtención de lo anhelado. Esto es una regla universal, simple y pura.

Pero esta lucha implica el sacrificio. Tenemos que desprendernos dolorosamente del pasado, soltar las ataduras de lo imposible o lo que no fue, para poder conseguir lo que anhelamos.

Convivir en el Universo

Cada filosofía tiene su acercamiento para llevar a las personas a la comprensión de su posición adentro del Universo y el conocimiento de las herramientas para atraer cosas formidables a su vida. Así pues, los Católicos hablan de la caridad, los Judíos del ayuno y el ayudar a sus hermanos, los Musulmanes del sacrificio, los taoístas del camino, los budistas de la paz, los masones de las leyes  universales de la construcción, entre otros.

Nuestra sociedad nos exige, demanda a gritos, aprender a sacrificarnos con piedad y devoción para que otros, nuestros hermanos, disfruten de beneficios. Ese sacrificio no debe esperar nada a cambio, pero sin duda es un paso constante hacia el desprendimiento que acerca de forma contundente a nuestras vidas las cosas que anhelamos.

Por mi parte disfruté de una sabrosa y jugosa empanada de queso, con la satisfacción de saber que alguien más comió gracias a mi sacrificio.














  

viernes, 13 de septiembre de 2013

Amigo, ¡corra!, ¡usted se está matando!



Si va a comenzar a leer este post puede colocar la canción de Pink Floyd “The Wall”.

Levantarse casi de madrugada porque tiene que preparar todo lo del día, la comida, desayunar, vestirse según las exigencias, apurarse, ¡apurarse!

Salir a darse trompadas con la otra gente que anda como usted, apurado, tratando de ganar una lucha contra el inclemente reloj que avanza, ¡corra! Que puede llegar 10 minutos tarde… Y entonces…

Si llega 10 minutos tarde puede ser que lo amonesten, o que lo boten, además todos los demás ya corrieron su maratón para llegar a la prisión, perdón, a la oficina… ¡Corra y siga leyendo! 

Claro, porque usted debe leer, ver su teléfono, revisar Twitter y Facebook mientras se pega con espaldas ajenas, a la par que su rostro se frunce, los músculos se tensan, porque su cuerpo entiende que está en medio de una guerra.

La terrible guerra de la mal llamada “productividad”.

Algunos mitos

En las sociedades occidentales se ha creado la falsa ilusión de que llegar más temprano y a una hora en específico hará que el trabajo colectivo sea más productivo. Seguramente esto tiene sus orígenes en algunas escuelas positivistas de la cultura organizacional que establecieron los principios del horario y la productividad hora/hombre.

Les invito a apasionarse en la lectura de la cantidad de patologías psicológicas, emocionales y físicas que se han originado en el nombre después de la Revolución Industrial.

Coloqué el tema de Pink Floyd porque de cierta forma está identificado de una tendencia anti industrial que marcó buena parte del siglo XIX y XX, algunos hombres culpaban a las máquinas de los problemas que estaban sufriendo, pero la culpa nunca es de la tecnología, sino de quien la produce y las normas que coloca.

Esas escuelas basaron sus principios en la “productividad” un concepto que desde mi punto de vista ha arrojado demasiada basura al mundo para lo poco que ha aportado.

Productividad es la causante de el exceso de contaminación en el Planeta, a la par es la primera responsable en la desviación de las conductas del hombre, y su ruptura con el mundo real.

En occidente productividad tiene que ver con cantidad: de horas invertidas, de máquinas trabajando, de productos elaborados, de dinero producido.

Pero nadie de esas escuelas pensó en las consecuencias que traía la productividad, muy apasionados del pensamiento positivista, no midieron otros aspectos que, en sumatoria, hacen de la productividad un ridículo espectáculo que caduca.

Usted no sería capaz de correr un maratón hoy, evidentemente si lo hace llegaría detrás o sobre la ambulancia, para un maratón la gente debe prepararse.

Pues resulta que usted pasa 18 años de su vida (en América esto no aplica, pues los niños deben salir a producir) y de sopetón le mandan a correr el maratón.

Consecuencias

Usted está yendo contra su naturaleza, nuestro organismo está diseñado fisionómica y orgánicamente para recibir “puntuales momentos de estrés”, piense que es un tigre, tiene capacidad para gastar su energía puntualmente en conseguir comida, luego debe reposar.

La mayoría de los animales tienen este sistema de “gastar energía puntualmente”, por una cuestión de salud y de verdadera productividad.

El concepto de productividad no se asocia con cantidad sino con focalización, “estar en el foco, dar en la diana”.

Evidentemente, esta carrera contra su naturaleza le trae consecuencias a la vida humana incalculables.

Como son tan grandes voy a comenzar a explicarlas desde lo particular y hacia lo global.

En usted el organismo comienza a generar dos venenosos factores, productores de múltiples enfermedades emocionales y físicas: la ansiedad y la angustia.

Ambas raíces de la depresión, y la frustración, que son pasos progresivos hacia la neurosis y la psicosis.

Su cuerpo no se comporta racionalmente ante lo que usted le somete, basta con leer el aumento de enfermedades mentales y emocionales que se ha suscitado en los últimos dos siglos. 

La locura es un trastorno complicado, existe desde la antigüedad, pero sin duda en la sociedad moderna se llega más rápido a este estado, y son más los casos.

Físicamente también se dan enfermedades producto de todo esto, si bien en los anales de la historia se tiene conocimiento de estados de locura antes de la revolución industrial, lo que no se tiene es registro de patologías colectivas tan mortales como el cáncer.
Desde mi punto de vista, viendo a amigos y conocidos que han padecido la enfermedad, y que en teoría son “sanos” y no tienen “vicios”, debo atribuir su enfermedad a la forma en que llevan sus vidas, encajada en lo que he explicado arriba.

Es sencillo, usted se está matando todos los días, y esto es literal.

Socialmente comenzamos a producir espacios para la violencia, la competitividad mal sana, lo que genera: envidia, odio, crímenes, y mayor cantidad de estrés.

Sume que va tarde a su trabajo a que pelea con alguien en el metro a diario, y ya tiene el caldo de cultivo para cualquier patología.

Hay entre todas estas enfermedades una que me llama la atención, la necesidad de estar pendiente de la vida ajena. Es para mi esto una patología con claros síntomas y patrones.

Estas personas que viven pendientes de “lo que el otro hace” están enfermas, y deben recibir tratamiento, porque se vuelven realmente improductivas, frustradas, y terminan siendo verdaderos estorbos en las organizaciones.

En lo global, tenemos sociedades divididas, poco claras, cansadas y resistentes a los cambios y a emprender con motivación ideas nuevas.

Producimos contaminación, gastamos nuestra vida, nos enfermamos, morimos, matamos por producir cosas que duran días y terminan contaminando el planeta por siglos.

En este proceso afectamos a las familias, criamos hijos abandonados y débiles emocionalmente, hemos dejado que el hogar se contamine como lo está nuestro trabajo.

La gente busca drenar todo el estrés de alguna forma, de allí que los últimos dos siglos hayan sido los más bélicos de la historia humana.

¿Por qué no cambiar?

Nuestros jefes han crecido en este ambiente, y los jefes de ellos también lo hicieron, para ser exactos son como 200 generaciones bajo este ambiente.

Nuestros jefes viven del miedo, porque sus cabezas y sus negocios “dependen” según ellos creen, de que usted llegue a tiempo, cumpla, haga, y si no lo hace hay que cambiarlo rápido, como el tornillo de una máquina que falla.

A su jefe le interesa que usted se siente, y haga “lo que debe hacer”, lo que pasa es que si usted hiciera lo que debe hacer no estaría allí sentado. Y su jefe lo sabe, por eso busca la forma de recompensarlo para que usted someta su vida a lo que él también hizo.

A un jefe no le interesa que su empleado se vuelva emprendedor, porque tendría que dejarlo de ver como jefe para verlo como igual, y eso es competencia.

Por eso, mientras más ideas usted tenga, más trabajo le será asignado, porque usted es “bueno” mientras esté del lado de su jefe y a su cargo.

Intente usted propiciar un negocio propio mientras trabaja con su jefe y verá como esto se vuelve un problema, que hay que solucionar con su despido.

Y su jefe no tiene la culpa, el responde al ritmo de una sociedad que tiene 200 años enferma.

En conclusión, si a usted no lo mata el “trabajo productivo occidental” y sus consecuencias, puede que termine reuniendo dinero para retirarse a una casa de campo cerca de un río y pescar para tratar de descansar sus últimos años de vida, sin darse cuenta que hubiera podido pasar toda su vida pescando y siendo feliz.