viernes, 28 de marzo de 2014

Una abuela ejemplar



Vas flotando por Instagram en búsqueda de cosas agradables e inspiradoras sobre que postear y de repente te encuentras con la historia de Betty.


Betty es la graciosa abuelita de Zach Belden, un joven de Louisville, Kentucky, que tiene una estrecha relación con ella.

La abuelita divertida tiene una cuenta en Instagram donde Zack sube todos sus videos y fotos, su usuario es @grandmabetty33

Claro subir fotos y videos de tu abuela de 80 años podría considerarse un abuso, pero el caso es que Zach lo hace porque su abuela fue diagnosticada con cáncer de pulmón, una noticia difícil de asumir para la familia.

El joven decidió guardar para él, y todos los suyos, fotos y videos de su abuela en sus momentos más geniales. Lo que al principio comenzó como una iniciativa familiar hoy recoge el interés de más de 460 mil seguidores.

Ahora la abuela, quien es una divertida luchadora contra una enfermedad difícil de afrontar, revisa el Instagram con su nieto, comparte inquietudes y lee mensajes de apoyo que recibe.

Se ha tomado fotos, videos, y ha tomado carteles con mensajes muy positivos. Ella a través de la red social ha sensibilizado a la gente, en especial sobre la actitud que se puede asumir cuando el panorama no pinta alentador.


Es tal la admiración y adoración que despierta la abuelita, que una agencia de diseño le ha regalado su propio logo, producto de los gestos que suele hacer en sus fotos.

Todo un ejemplo de filosofía de vida y de lucha.

jueves, 20 de marzo de 2014

Adopta un Libro para que en tu comunidad existan #MásLibrosMenosBalas

Los amigos de Adopta Un Libro vuelven a lanzar su campaña este año con la etiqueta ‪#‎MásLibrosMenosBalas‬ es sencillo y gratificante participar en esta iniciativa. Este año tengo casi una maleta de libros para dejar abandonados ¡Súmate!

Acá te dejo un esquema de lo que debes hacer con aquellos libros que quieras abandonar. Recuerda es la oportunidad para que otro lea aquél libro que tanto te impresionó y que crees que debes compartir por el bien de tu comunidad y la humanidad.



¡Anímate!

martes, 18 de marzo de 2014

El arte del desprendimiento

Foto galería de la gente con sus posesiones. Autor: Huang Qingjun.


Hoy llegué a comprar una empanada (pastel) y pedí de carne molida - un señor que seguía en la cola pidió una igual y le dijeron "ya no quedan", el señor preguntó si no salían más, ya que no podía comer queso, entonces no tardé en decirle a la señora "dele la mía de carne molida y póngame de queso"... fue medio minuto de silencio muy largo, el señor me miraba atónito y cuando pudo hablar sólo alcanzó a decir: "no tienes por qué molestarte, gracias", le dije: "para mi no es molestia". 

Gula de los sentidos

Estamos amarrados a uno de nuestros peores pecados, el de la gula. No por la comida, sino por satisfacer a nuestros insaciables sentidos con cosas y más cosas. Bajo el principio de "todo debe ser mío, lo merezco".

Hay aún más valientes entre los arriesgados a justificar esta gula perversa, que se atreven a decir que es una ley del Universo el hecho de merecer todo por ser los hijos predilectos de Dios en su creación. Algunos se inspiran en una mala revisión de los fundamentos del Thao ó de Leyes Universales como la de la atracción.

Realmente no entendemos los hilos que mueven el Universo, para suerte de éste, esa incomprensión nos aproxima de forma errada a él y los beneficios de estar contenidos en su jarra infinita.

No nos merecemos todo

Es mentira, NO nos merecemos todo, aunque seamos la creación predilecta de Dios, porque nos hizo con voluntad y amor, no nos da mérito para apoderarnos de todo. Realmente no somos dueños de nada.

Les coloco el siguiente ejemplo: Luis TIENE carro, casa, muebles caros, su PS4, dos PC y Wifi,  esposa, un hijo y un perro. Sería una lista que pudiéramos hacer, y que como el fotógrafo dueño de la imagen de este post, podríamos atrevernos a fotografiar con exactitud.

Realmente nada de lo que Luis enumera como suyo, lo es. Cuando Luis muera el que creía que era su carro, pasará a ser de otro, su casa será vendida, alquilada o demolida. Sus caros muebles serán reconvertidos en otros o pasarán a un basurero. Su PS4 seguramente será obsoleto y estará en la basura. Sus PC las habrán usado sus hijos, en el mejor caso, y luego terminarán desarmadas o como desperdicio. Su esposa, al ser vista como una posesión, de seguro que duraría muy poco con él, y más por el miedo que por decisión propia. Su hijo seguro crecerá, se irá de casa y fundará su hogar, siguiendo el ejemplo de su padre, abandonándolo para conseguir sus propias cosas. Al final del camino tal vez el perro de Luis, su verdadero buen amigo, le lloré en su ausencia y muera de tristeza a su lado, si no es regalado o dejado en el abandono.

Esta pequeña historia revela que no somos dueños de absolutamente nada en el Universo, más que de nuestra propia alma y voluntad. Y es allí donde radica el secreto de todo.

Nuestra voluntad y alma nos permiten expresarnos en el mundo, y ver y hacer la vida de una forma. Cuando nuestra alma lucha con su voluntad por algo, cualquier cosa que se desee, el Universo premia ese sacrificio con la obtención de lo anhelado. Esto es una regla universal, simple y pura.

Pero esta lucha implica el sacrificio. Tenemos que desprendernos dolorosamente del pasado, soltar las ataduras de lo imposible o lo que no fue, para poder conseguir lo que anhelamos.

Convivir en el Universo

Cada filosofía tiene su acercamiento para llevar a las personas a la comprensión de su posición adentro del Universo y el conocimiento de las herramientas para atraer cosas formidables a su vida. Así pues, los Católicos hablan de la caridad, los Judíos del ayuno y el ayudar a sus hermanos, los Musulmanes del sacrificio, los taoístas del camino, los budistas de la paz, los masones de las leyes  universales de la construcción, entre otros.

Nuestra sociedad nos exige, demanda a gritos, aprender a sacrificarnos con piedad y devoción para que otros, nuestros hermanos, disfruten de beneficios. Ese sacrificio no debe esperar nada a cambio, pero sin duda es un paso constante hacia el desprendimiento que acerca de forma contundente a nuestras vidas las cosas que anhelamos.

Por mi parte disfruté de una sabrosa y jugosa empanada de queso, con la satisfacción de saber que alguien más comió gracias a mi sacrificio.














  

viernes, 13 de septiembre de 2013

Amigo, ¡corra!, ¡usted se está matando!



Si va a comenzar a leer este post puede colocar la canción de Pink Floyd “The Wall”.

Levantarse casi de madrugada porque tiene que preparar todo lo del día, la comida, desayunar, vestirse según las exigencias, apurarse, ¡apurarse!

Salir a darse trompadas con la otra gente que anda como usted, apurado, tratando de ganar una lucha contra el inclemente reloj que avanza, ¡corra! Que puede llegar 10 minutos tarde… Y entonces…

Si llega 10 minutos tarde puede ser que lo amonesten, o que lo boten, además todos los demás ya corrieron su maratón para llegar a la prisión, perdón, a la oficina… ¡Corra y siga leyendo! 

Claro, porque usted debe leer, ver su teléfono, revisar Twitter y Facebook mientras se pega con espaldas ajenas, a la par que su rostro se frunce, los músculos se tensan, porque su cuerpo entiende que está en medio de una guerra.

La terrible guerra de la mal llamada “productividad”.

Algunos mitos

En las sociedades occidentales se ha creado la falsa ilusión de que llegar más temprano y a una hora en específico hará que el trabajo colectivo sea más productivo. Seguramente esto tiene sus orígenes en algunas escuelas positivistas de la cultura organizacional que establecieron los principios del horario y la productividad hora/hombre.

Les invito a apasionarse en la lectura de la cantidad de patologías psicológicas, emocionales y físicas que se han originado en el nombre después de la Revolución Industrial.

Coloqué el tema de Pink Floyd porque de cierta forma está identificado de una tendencia anti industrial que marcó buena parte del siglo XIX y XX, algunos hombres culpaban a las máquinas de los problemas que estaban sufriendo, pero la culpa nunca es de la tecnología, sino de quien la produce y las normas que coloca.

Esas escuelas basaron sus principios en la “productividad” un concepto que desde mi punto de vista ha arrojado demasiada basura al mundo para lo poco que ha aportado.

Productividad es la causante de el exceso de contaminación en el Planeta, a la par es la primera responsable en la desviación de las conductas del hombre, y su ruptura con el mundo real.

En occidente productividad tiene que ver con cantidad: de horas invertidas, de máquinas trabajando, de productos elaborados, de dinero producido.

Pero nadie de esas escuelas pensó en las consecuencias que traía la productividad, muy apasionados del pensamiento positivista, no midieron otros aspectos que, en sumatoria, hacen de la productividad un ridículo espectáculo que caduca.

Usted no sería capaz de correr un maratón hoy, evidentemente si lo hace llegaría detrás o sobre la ambulancia, para un maratón la gente debe prepararse.

Pues resulta que usted pasa 18 años de su vida (en América esto no aplica, pues los niños deben salir a producir) y de sopetón le mandan a correr el maratón.

Consecuencias

Usted está yendo contra su naturaleza, nuestro organismo está diseñado fisionómica y orgánicamente para recibir “puntuales momentos de estrés”, piense que es un tigre, tiene capacidad para gastar su energía puntualmente en conseguir comida, luego debe reposar.

La mayoría de los animales tienen este sistema de “gastar energía puntualmente”, por una cuestión de salud y de verdadera productividad.

El concepto de productividad no se asocia con cantidad sino con focalización, “estar en el foco, dar en la diana”.

Evidentemente, esta carrera contra su naturaleza le trae consecuencias a la vida humana incalculables.

Como son tan grandes voy a comenzar a explicarlas desde lo particular y hacia lo global.

En usted el organismo comienza a generar dos venenosos factores, productores de múltiples enfermedades emocionales y físicas: la ansiedad y la angustia.

Ambas raíces de la depresión, y la frustración, que son pasos progresivos hacia la neurosis y la psicosis.

Su cuerpo no se comporta racionalmente ante lo que usted le somete, basta con leer el aumento de enfermedades mentales y emocionales que se ha suscitado en los últimos dos siglos. 

La locura es un trastorno complicado, existe desde la antigüedad, pero sin duda en la sociedad moderna se llega más rápido a este estado, y son más los casos.

Físicamente también se dan enfermedades producto de todo esto, si bien en los anales de la historia se tiene conocimiento de estados de locura antes de la revolución industrial, lo que no se tiene es registro de patologías colectivas tan mortales como el cáncer.
Desde mi punto de vista, viendo a amigos y conocidos que han padecido la enfermedad, y que en teoría son “sanos” y no tienen “vicios”, debo atribuir su enfermedad a la forma en que llevan sus vidas, encajada en lo que he explicado arriba.

Es sencillo, usted se está matando todos los días, y esto es literal.

Socialmente comenzamos a producir espacios para la violencia, la competitividad mal sana, lo que genera: envidia, odio, crímenes, y mayor cantidad de estrés.

Sume que va tarde a su trabajo a que pelea con alguien en el metro a diario, y ya tiene el caldo de cultivo para cualquier patología.

Hay entre todas estas enfermedades una que me llama la atención, la necesidad de estar pendiente de la vida ajena. Es para mi esto una patología con claros síntomas y patrones.

Estas personas que viven pendientes de “lo que el otro hace” están enfermas, y deben recibir tratamiento, porque se vuelven realmente improductivas, frustradas, y terminan siendo verdaderos estorbos en las organizaciones.

En lo global, tenemos sociedades divididas, poco claras, cansadas y resistentes a los cambios y a emprender con motivación ideas nuevas.

Producimos contaminación, gastamos nuestra vida, nos enfermamos, morimos, matamos por producir cosas que duran días y terminan contaminando el planeta por siglos.

En este proceso afectamos a las familias, criamos hijos abandonados y débiles emocionalmente, hemos dejado que el hogar se contamine como lo está nuestro trabajo.

La gente busca drenar todo el estrés de alguna forma, de allí que los últimos dos siglos hayan sido los más bélicos de la historia humana.

¿Por qué no cambiar?

Nuestros jefes han crecido en este ambiente, y los jefes de ellos también lo hicieron, para ser exactos son como 200 generaciones bajo este ambiente.

Nuestros jefes viven del miedo, porque sus cabezas y sus negocios “dependen” según ellos creen, de que usted llegue a tiempo, cumpla, haga, y si no lo hace hay que cambiarlo rápido, como el tornillo de una máquina que falla.

A su jefe le interesa que usted se siente, y haga “lo que debe hacer”, lo que pasa es que si usted hiciera lo que debe hacer no estaría allí sentado. Y su jefe lo sabe, por eso busca la forma de recompensarlo para que usted someta su vida a lo que él también hizo.

A un jefe no le interesa que su empleado se vuelva emprendedor, porque tendría que dejarlo de ver como jefe para verlo como igual, y eso es competencia.

Por eso, mientras más ideas usted tenga, más trabajo le será asignado, porque usted es “bueno” mientras esté del lado de su jefe y a su cargo.

Intente usted propiciar un negocio propio mientras trabaja con su jefe y verá como esto se vuelve un problema, que hay que solucionar con su despido.

Y su jefe no tiene la culpa, el responde al ritmo de una sociedad que tiene 200 años enferma.

En conclusión, si a usted no lo mata el “trabajo productivo occidental” y sus consecuencias, puede que termine reuniendo dinero para retirarse a una casa de campo cerca de un río y pescar para tratar de descansar sus últimos años de vida, sin darse cuenta que hubiera podido pasar toda su vida pescando y siendo feliz.

lunes, 2 de septiembre de 2013

¿Cuándo mueres?


Un día de furia. Michael Duglas.

Con el título pudiera pensarse que se trata de cualquier aplicativo que te indica el momento en que la pelona te viene a buscar. No es un aplicativo y tampoco tiene que ver con la pelona real, pero hay muertos en vida caminando, como decía San Agustín.

Mueres cuando…

Te levantas cada día pendiente de ver que está haciendo otro y cómo amargar su vida.

Piensas tener siempre la razón y saber que lo que piensas es lo correcto, lo justo y lo mejor.

Vives atribuyéndole la responsabilidad de lo mal que te va a otro, regando culpa por donde pasas en vez de demostrar lo que puedes hacer.

Intentas siempre ser más… fuerte, hábil, “vivo”, rápido, porque el mundo está hecho para el que es superior en todo.

Tienes poder y amedrentas a otros con ello.

Sólo te importa tu espacio, porque todo lo que consideras erradamente tuyo es lo que te duele, tu esposa, tu familia, tus cosas…

Alimentas tu ego con cosas tan superficiales que tu vida parece un ponqué mal hecho con una cobertura bastante ligera.

Llenas de ruido tu vida, para no oírte, porque escuchar tus propios reclamos se hace sumamente insoportable.

Piensas que vives una película, en la que eres el protagonista.

Trabajas porque lo necesitas y no porque te apasiona.

Crees que tienes tiempo mañana para hacer lo que realmente es imprescindible e importante.

Apoyas una idea porque escuchas lo que otros dicen, y no te detienes un minuto a dudar, a preguntarte, a cuestionarte.

Piensas que tienes derecho a todo sin tener que dar o aportar algo para que suceda.

Exiges lo mejor pero das lo peor.

Crees que porque el destino te premió una vez no debes hacer más nada en la vida para cosechar lo que se te ha dado.

Y así vas muriendo a diario, apestas a cadáver por donde vas caminando, le temes a la muerte cuando llevas rato muerto, pudres lo que tocas y anhelas seguir viviendo.

Las personas le temen a la muerte pero detrás del temor está el egoísmo, el egocentrismo, y el vacío de no haber vivido una vida plena haciendo lo que les gusta.