jueves, 22 de noviembre de 2007

Entre peces de plata y de oro

¿Todo fue culpa del pez?
Hubo un tiempo, no hace mucho, en que se puso de moda usar un bendito pez de plata en la muñeca, según contaban sus promotores, con el fin de que quién lo usara sobreviviera al fin del mundo.
Pasó el tiempo, y por supuesto que el mundo no se acabó, pero se acabaron los peces en las repisas de las tiendas y buhoneros que lo vendían… Sin el menor pudor, los creadores del cuentico del “pez – llave del paraíso” se reinventaron para no quedar como estafadores, y propagaron la idea de la milagrosa sanación que lograba el pez de plata en todas las personas que lo tuvieran guindando.


Celda donde fueron castigados
perseguidos políticos en
Venezuela entre 1945 y 1979




El resultado de esta idea más un buen Marketing terminó convirtiendo al pez de plata en un icono de la estrategia de mercadeo, y la antítesis del pez de oro que vendía el Buendía en Macondo y que nunca le dio provecho. Pero a la vez se convirtió en un hito para clasificar al pueblo latinoamericano de ingenuo.
Una historia sin peces pero de aguas turbias
Europa pasó un proceso similar al de los peces, pero con un precio mucho más caro. Comenzó a vivirlo desde el principio del siglo XIX, con los primeros procesos Nacionalistas, o vinculados a la corriente del Nacionalismo.
Esta es una corriente filosófica, política, social y económica que se centra sobre dos fundamentos, el respeto integro de la soberanía de un país a través de su Estado, y el rescate y valor de todos sus elementos históricos.
Nos atreveríamos a realizar un análisis del nacimiento del Nacionalismo, fundamentándolo en dos momentos claves de la historia. Primero la amenaza que simbolizaba el desarrollo industrial y económico de algunas naciones en pleno apogeo de la Revolución Industrial, como Estados Unidos y Reino Unido. Y segundo, la corriente filosófica del Romanticismo, que realzaba el valor del hombre y sus percepciones por encima de los procesos tecnológicos.
Muchos países Europeos vieron con buenos ojos al Nacionalismo, amarrándose a él como alternativa ante el nacimiento de nuevos imperios.
Aún en algunas esquinas de la vieja Europa quedaba el sabor agrio que dejó el Imperio Romano, la invasión Musulmán y el saldo triste de las Cruzadas y los reinados en Francia, Austria y otras naciones.
Nada mejor que defender lo que con tanto esfuerzo se había construido y establecido. Mucho de ello sobre territorios reconquistados por las Ordenes de Caballería, sobre todo la orden de Los Caballeros Pobres de Cristo u Orden del Temple. Espacios que fueron despojados cuando se eliminaron dichas casas religiosas- militares.
Entonces los hombres Europeos, cansados y asustados por el terror que causan las guerras y la muerte, se ataron a la vida a través del valor Nacional, el terruño, el pequeño pedazo de tierra que poseían…
El resultado en la mayoría de estos países, fue tarde o temprano la aparición de Líderes Nacionalistas que según ellos, tenían claras dos cosas. Primero: “Yo se bien por donde hay que encaminar a la Nación, tengo una idea clara” y Segundo: “Yo hago lo que la Nación quiere, me debo a la mayoría”.
Esas dos ideas llevaron a países como Francia a las guerras Napoleónicas, y más tarde a Alemania a dos Guerras Mundiales. Y el mayor genocidio de la historia de la humanidad, detalles en que no voy a entrar.
Otros con más suerte, sólo sufrieron inestabilidad, escaramuzas, y otras naciones como Rusia y España se vieron envueltas en guerras civiles sangrientas.
Con la creación de la ONU y la OTAN, al parecer las corrientes Nacionalistas bajaron sus ánimos, pensando en que se podía lograr un beneficio por igual para todos… Realidad que nunca ha llegado…
Los peces modernos
A América el Nacionalismo llegó muy tarde, se entremezclo con las ideas de izquierda y el movimiento anti bélico mundial, en un caldo o hervido que germinó en cabezas de muchos latinos, sobre todo de militares, y que originó el mismo sufrimiento pero con el sabor tropical que solemos darle a las cosas. Sólo los que estuvieron presos en Cárceles como El Cuartel San Carlos, en Venezuela, saben cómo era de “dulce” el trato que se le daba a quién pensaba distinto en esos tiempos.
A punta de garrote se aplacó las ideas de “cambio”, el orden tenía que imperar, disfrazado en una democracia realmente tambaleante en casi toda América, menos en Cuba.
Pero como siempre, en América las cosas se viven tarde y entrecortadas, esas ideas de cambio se fueron acumulando en los corazones de la gente que menos tenía, que más era golpeada, y nuevamente renacieron para clavarle la puñalada al viejo sistema, y terminar de matarlo…
Nuevamente renace el Nacionalismo versionado para Latinoamérica, tiene rostros, tiene nombres, tiene ideas, y viene sazonado por una mezcla de los años 60 y 70. ¿Cuál será el destino al que empuje a Latinoamérica esta tendencia?... Mientras no sea otra historia como la de los peces de plata, y realmente haga crecer a la región, pues siempre será bienvenida, y ¿si no lo es?... Seguramente aprenderemos, como aprendió Alemania, Francia, España…

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